El día siguiente Gabriela y Daniel quedaron de verse por la noche, me inquietaba un poco lo que ella podría decir sobre mí, pero mi situación no era un secreto y confiaba en que, Gaby se guardaría los detalles íntimos; era parlanchina pero confiable.
Tras todo este tiempo en el que cambié tan drásticamente, había tenido incluso temor de reencontrarme con Daniel; él sin saberlo, se había convertido, sobre todo en mis primeros años de matrimonio cuando comenzó el maltrato, en mi chaleco salvavidas en los momentos difíciles. Ese era un secreto que nadie, ni Gabriela, ni la Beba y mucho menos Santiago sabían.
En lo más profundo de mi alma, Daniel vivía a mi lado, me sostenía y me reconfortaba, era mi música de fondo para seguir por el mundo como si viviera una bella historia de amor.
Claro que debía sentirme culpable por eso, era una clase de infidelidad para mi moralidad, pero no encontré otra manera de sujetarme a cierta resignación en mi matrimonio que esa; me consolaba un poco saber que había en el mundo, un hombre que pensaba que yo era especial, que me amaba por encima de otras mujeres y que besaría el suelo por donde yo pisara, en vez de compararme con otras, maltratarme y hacerme sentir una inútil.
Claro que aquella era una visión idealizada del recuerdo de la relación que tuve con Dany y yo lo sabía perfectamente, pero no me importaba, tampoco esperaba que ese hermoso sueño se saliera de mi imaginación jamás, primero porque no hubiera traicionado la confianza de Santiago y además porque me avergonzaba el estado físico y mental en el que me encontraba, de ninguna manera quería que me viera así. Daniel era mi utopía hecha hombre y yo me convertí en las ruinas de una mujer que ya no existía.
Había un poema de Teresa de Jesús que disparaba mis evocaciones sobre Daniel;
"Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero..."
Llegó la tan esperada cita y Gaby se negó rotundamente a asistir,
-Pero chica ¿estás demente? ya me veo yo de mal tercio ahí en medio de ustedes, además yo ya platiqué con él e hice todo lo posible por dejarle bien claro que estás más que disponible ¿oíste?-
-¡Ay Gaby pero qué afán el tuyo!, ya me lo imaginaba pero no ando en busca de una pareja, deja de hacer de Celestina-
Obviamente a ella, mis protestas le entraban por una oreja y le salían por la otra sin efecto alguno.
Daniel y yo, nos citamos en el parque que frecuentábamos después del colegio, queríamos pasear tranquilamente mientras recordabamos nuestras cuitas; compramos un helado y escuchamos un pequeño concierto de cuerdas que ofrecía el centro cultural al aire libre. La tarde era templada y muy agradable, los niños hacían pompas de jabón y danzaban alegremente mientras las rompían, el ramo colorido de globos junto al kiosko del jardín, contrastaba con el severo roble plantado en la orilla del sendero. Toda la escena representaba una reviviscencia de nuestra juventud.
A diferencia de las conversaciones con otros ex compañeros, comenzamos platicando sobre nuestros proyectos y ambiciones actuales, luego me contó de la cruel enfermedad que le arrebató a su esposa; tras varios meses de lucha y desvelos en hospitales, falleció dejando a su pequeño hijo de cinco años, la última voluntad de ella fué que, por el bienestra del niño, Dany cediera la custodia de la criatura a sus abuelos y así podría rehacer su vida.
-Ella seguramente pensó que sería lo mejor para mí y nuestro hijo, pero me sentí muy perdido y culpable, tengo todo el apoyo de mis ex suegros que me ayudan para que mi hijo me comprenda pero no puedo dejar de sentir que me arrebataron algo que debió ser mío, trato de estar tan presente en la vida de mi pequeño como me lo permite mi trabajo, pero siento que cada vez es más como un sobrinito que un hijo, creo que yo no tuve la oportunidad de demostrar que podía cuidar bien de él-
El matiz en la voz de él denotaba impotencia y un poco de rabia contenida.
-Creo que ella nunca confió realmente en mi cariño, creo que se le olvidó que yo tenía derecho a decidir si quería llorarla para siempre-
Se quedó un momento en silencio, la forma en que me miró me hizo comprender que no tenía intención de suavizar su estado de ánimo, suspiró profundamente como si hubiera dejado una carga que llevaba por mucho tiempo.
-Perdona si soy muy franco contigo Beck, sé que apenas te conozco de nuevo como para hacerte estas confesiones de la nada, pero creeme que nunca tuve la sensación de poderme descargar así con otra persona, desde siempre me agradó que no tenía que cuidar mis palabras contigo, es reconfortante-
Claro, él también se había quedado con la imagen de mi yo joven, confiable y serena, racional e inteligente, también al paso de los años, idealizó el recuerdo de mi persona.
-Bueno Dany, es más sencillo confiar en alguien que sabemos, no va a salir lastimado por nuestras emociones, desahógate tranquilamente-
A medida que recuperamos la confianza en el otro, llegó el momento de evocar recuerdos y regresaron las sonrisas.
-...Es que fué muy extraño, mira que teniendo a Gaby y a las demás compañeras tan arregladas y lindas te vas fijando en la más pandrosa, era mas bien tu cuate, no tu novia ha ha ha-
-Precisamente por eso me gustabas, porque no te interesaba agradarme-,
-¿Dices que te gustaba porque siempre se quiere lo que no puedes tener?-
-No, no se trata de eso, es la actitud que proyectas. Cuando estás demasiado preocupada por agradar a otro, te tomas muy en serio tu apariencia personal. Por lo general, es toda una producción de la que los hombres solo vemos el resultado, en cambio cuando no te concentras en ello, descartas las distracciones y vas a lo importante.
Era eso precisamente, no me distraía tu pelo, tu cuerpo o tu maquillaje, tu apariencia totalmente natural, pelo lacio, cara lavada...y así ya eras hermosa pero no tanto como para deslumbrar y eso dejaba espacio para concentrarse en tu inteligencia, tu seguridad, no temías decir lo que pensabas y eso era imponente, pero además tu sentido del humor era épico; estar contigo era lo más parecido a estar con el vato mas cool al que le puedes confiar lo que sea para que sea tu hermano del alma pero con una inteligencia superior, todo el mundo se sentía atraído por ti-.
Esa imagen me resultaba curiosa -¿Eso es atractivo, ser como un amigo?-
-No es atractivo, es agradable. No tener que estar bajo la presión de cuidar a una damisela en apuros, poder confiar en no tener que adivinar lo que quiere la otra persona, es relajante. Poder confiar en la fuerza de una mujer y su capacidad de decir lo que quiere y lo que no, es atractivo. Esa dualidad de fortaleza de carácter y delicadeza femenina es irresistible para algunos. No era difícil que con solo unos gestos tiernos, de los que de hecho, tenías muchos, uno cayera rendido y no dejara de pensar en ti-.
Aquello era demasiado para mí, en otra época, recién divorciada me hubiera turbado demasiado, por suerte había aprendido a depender más de mi experiencia que de mis emociones y además, ya creía parte de lo que él decía. Eso me hacía feliz, sonreí y lo miré a los ojos con serenidad;
-Te agradezco que me lo digas, para cualquiera siempre es agradable que se tenga una opinión tan positiva de sí-
Por algún motivo que nunca descifré, su blanca tez se llenó de rubor, se llevó la mano a la nariz ocultando su boca y dijo apartando la mirada -No me veas así-
En ese momento sentí un vuelco en el corazón, ya había hecho eso antes, hace muchos años, sentí mariposas en el estómago como entonces.
Nos despedimos más de tres veces sin retirarnos, una y otra vez nos tomábamos de la mano y reíamos de cualquier cosa; Daniel debía salir esa misma noche y agradecí por eso, nunca pensé que estuviera tan dispuesta a pasar la noche con otra persona que no fuera Santiago.
A partir de ese día comenzamos a comunicarnos con cierta frecuencia por mensajes
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Hoy amanecí cansada
RomanceRebeca es una mujer que tras su divorcio no sabe el rumbo que tomará su vida, se enfrenta a los obstaculos de su día a día sintiendose abrumada y los eventos cotidianos la remontan a sus recuerdos de juventud.
