Así las cosas, decidimos separarnos por unos días y darnos tiempo para pensar, pero a expensas de Gaby, que no necesitaba una invitación para stalkear a los objetos de su interés, me enteré de que ellos vivían juntos, yo sabía que durante esta separación, Santiago y su amante ya hacían prácticamente vida de casados pero ver las fotografías en redes donde cualquier conocido podría encontrarlas me pareció humillante en exceso, no había vuelta atrás, decidí entonces que no quería que mis hijos pensaran que había posibilidad de regreso.
Me dolía mucho la separación, sobre todo, porque siempre estuve convencida de que no hicimos lo suficiente, que no lo dialogamos hasta extinguir las posibilidades de arreglar nuestra relación, sentía hondamente que mi única carrera en la vida; la de esposa y madre, era una profesión en la que había fracasado.
Cuando me tuve que enfrentar al divorcio y a saber el mismo día, que Santiago se casaba, aún no estaba preparada para aceptar que el hombre de mi vida ya me había superado y que no le tomó ni un par de meses hacerlo.
Me paré a solas con mis 46 años encima, mi figura rolliza y mi carácter inseguro y lloré y lloré y lloré noche tras noche, como cantaba Juan Gabriel.
Me levanté al día siguiente del divorcio, cansada y molida moralmente, de ahí solo gracias a mi amor por mis hijos y su apoyo, salí avante, no quería que se preocuparan por mí y sentía la responsabilidad de poner en práctica lo que les había inculcado desde la infancia: está bien caerse y, si te duele, expresar tu dolor, pero hay que levantarse y seguir adelante, con el tiempo te darás cuenta de que lo difícil ya pasó y cosecharás el éxito.
Ahora, me tocaba hacer lo que sea para mirar hacia atrás y reirme de las angustias ¡Qué maldito peso de mierda!
Comencé por llamar a mamá para que no le tomara por sorpresa el divorcio, amenazó con ir a verme de inmediato pero le supliqué que me diera tiempo para verla.
-Por favor mamá, te juro que en unos días iré a tu casa y te explico con calma lo que ocurrió, pero en verdad ahora me siento muy mal...-
Me interrumpió gritando.
-Y ¡con razón! Acabas de cometer la estupidez más grande de tu vida, un matrimonio perfecto tirado a la basura, ¡no es posible que a pesar de los esfuerzos de Santiago, hayas logrado malograr a tu familia!-.
Yo no tenía ganas de explicar nada, revelarle en ese momento la infidelidad de Santiago, representaba darle un arma que usaría sin duda, para ir a armar un show en casa de mis ex suegros. No tenía ninguna gana tampoco de enfrentarlos a ellos, no quería volver a verlos si era posible. Seguramente mi suegra, ex suegra mejor dicho, reaccionaría más o menos como mamá, con una me bastaba.
-Mira mamá, te aseguro que vas a tener todas las explicaciones del mundo, pero si no quieres hacer el ridículo, (era lo que más miedo le daba), mejor que no comentes con nadie acerca de mi divorcio, si acaso es necesario, trata de comportarte con dignidad y que parezca que me apoyas ¿si?, de hecho salgo de la ciudad una semana para estar sola y no pienso comunicarme con nadie así que no me llames tampoco; Lizzy se queda con la Beba, de vacaciones con sus primos-. Obviamente no iba a ningún lado pero no quería ver a nadie. Mamá debió sentir, que le estallaba la vesícula.
-¡Que me comporte con dignidad! ¿Qué quieres decir con eso? Aquí la divorciada y sin dignidad eres tú, ¡maldita mocosa insolente...!-
Colgué, ya estaba temblando de rabia pero no tenía energía para responder.
Así pasó un tiempo hasta que, tuve la visita donde mamá y Lizzy, se enteraron de que Santiago se casaba. Después de la conmoción e incredulidad, mamá pasó a la aceptación con una rapidéz asombrosa; sospecho que solo necesitaba una razón, que no fuera culpa mía, para justificar mi divorcio, se fué y enseguida, envié mensaje a mis hijos para confirmar lo que Lizzy ya les había contado.
Después llamé a Santiago para decirle que ellos estaban enterados de su próxima boda, le pedí que hablara con ellos lo antes posible; -Mira te aseguro que no ha sido mi intención revelar esta información y no los he predispuesto de ninguna forma en tu contra, no te inquietes, igual ya habíamos acordado que les informarías y te pidieron que les comunicaras tus planes así que hazlo-.
Él acordó hablar con ellos y me dijo que había hablado con su madre también. Fué lo último que supe de Santiago por algún tiempo, si de alguien no quería saber nada era de él.
En todo ese tiempo los sucesos de mi vida presente y los recuerdos, eran una cascada de experiencias que caían uno tras otro sin cesar.
Decidí entonces iniciar terapia. No imaginé que la terapia cognitivo-conductual fuera tan eficaz en tan corto tiempo; me motivó a cambiar mis habitos para sentirme mas organizada, inicié una rutina de ejercicio que interrumpía intermitentemente, pero dejé de sentirme derrotada por eso, "aunque ayer fallé hoy puedo tener éxito, lo importante es lo que sigue" pensaba.
Necesité 00:00 de BTS cada noche hasta que me sentí mejor, es increíble como esos siete chicos entiendían tan bien, cómo me sentía.
Asi pasaron los meses posteriores a mi divorcio.
Pero todo eso era cosa del pasado, estaba lista para dejarlo ir. Tras las visitas de la Beba y Gaby, el apoyo de mis hijos, que parecían más tranquilos desde que vieron que comencé a ganar dinero con mis postres, y la inminente apertura de la boutique, estaba mucho mejor que antes de divorciarme. La esperanza de ser feliz ya era una constante en mi mente.
Ahora estaba lista para inaugurar la boutique con Gabriela y allá iba a enfocar mis energías.
Por esos días recibí una llamada de Santiago
-Le dije a mi madre que nos divorciamos y que no interfiriera pero me comentó que vendes postres de casa en casa; yo sé lo que acordamos, pero sigo inconforme con que no hayas aceptado la pensión, no tienes ninguna necesidad de batallar y no quiero que lo hagas, por favor reconsidera-.
Mi tono era firme, -ya dije que no, entiendo que te moleste a ti y a tu familia que hablen sobre mi situación en la comunidad pero, es mi decisión salir adelante por mis medios y no quiero mas discusiones al respecto, te agradezco tu preocupación pero, a propósito, quiero que sepas que iré a visitar a tus padres por última vez y les pienso dejar en claro esto-.
Santiago parecía nervioso por el encuentro. -No tienes que hacerlo, por favor no te expongas con ellos, pero si te empeñas, paso por ti y te llevo, yo cuidaré que no te falten al respeto-
Con mucha tranquilidad le respondí -No lo hagas, estaré bien, a ellos debe quedarles claro que todo ha terminado entre los dos y que yo me cuido sola ahora, quédate sereno, no necesito tu ayuda para llevar las cosas con tranquilidad, no voy a pelear, solo a despedirme-. Estaba en control de mis emociones y por primera vez desde el divorcio, sentí que estaba segura de dar mis pasos sola.
Hablar con la familia de Santiago era la última parada en mi lista de pendientes.
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Hoy amanecí cansada
RomansaRebeca es una mujer que tras su divorcio no sabe el rumbo que tomará su vida, se enfrenta a los obstaculos de su día a día sintiendose abrumada y los eventos cotidianos la remontan a sus recuerdos de juventud.
