Así pasó el tiempo, lo platiqué con Santiago y acepté que podía, incluso gustaba de vivir como hasta ese momento, pero sin estar juntos. Le expliqué que me sentía de nuevo como una adolescente; feliz, llena de energía y que tenía muchos proyectos para el futuro, quería viajar, visitar lugares hermosos e interesantes, aprender otros idiomas y leer muchos libros cautivadores.
Ya no quiero ser la rebelde Rebe, ni la insegura Becky, tampoco la sumisa Beca, ahora seré la valiente Bec.
Ambicionaba encontrar una verdadera pasión que diera un sentido de trascendencia a mi vida y deseaba reír, bailar, soñar y disfrutar cada día.
Quería vivir.
Tenía en el mundo todo lo que necesitaba para estar contenta; los fantasmas de la ansiedad y la depresión no se habían marchado pero ya no me controlarían de nuevo, mi alma estaba forjada y mi carácter por fin, había encontrado su centro.
No dejé de temer, pero tampoco de avanzar.
En todo este plan que había formado para mí, había incluido la compañía de mis hijos y la alegría de mis amigas y hermanas, así ya estaba feliz y tranquila, pero me sentía totalmente dispuesta a dejar entrar en esa vida nueva, al nuevo Santiago.
-¿Te acuerdas que en nuestra infancia las chicas solían decir a los chicos que las pretendían, que iban a pensar en su respuesta? Pues quiero experimentar de nuevo eso, quiero dejarme conquistar y quiero cooperar exigiendo lo que quiero y compartiendo lo que me salga del corazón dar-
Santiago me tomó de las manos y apoyó su cabeza en ellas, sonreía y no tuvo que decir nada para que yo supiera que estábamos en el mejor momento de nuestra relación; el comienzo.
Todo era felicidad, apenas unas semanas después, recibimos la noticia de que Julieta esperaba gemelos, estabamos muy atentos a su evolución y no pasó mucho tiempo después de eso para que Santi se instalara en la habitación de huéspedes, eso nos facilitaba las cosas para atender a las citas médicas y entramos en una nueva etapa de convivencia.
Pasaban las semanas, Martín recibió una atractiva oferta de trabajo y se marchaba a descubrir nuevos horizontes con mi querida nuera. Mi corazón se estrujaba al pensar en la lejanía de mis hijos pero se alegraba por su éxito.
Mientras tanto, encontré mi verdadera vocación. siempre tuve una predilección especial por dibujar, ilustraba las tareas de mis hijos y tenía todo tipo de materiales; lápices de colores, crayones, pasteles, acuarelas...etc., siempre que tenía un día libre, un momento de relajación, tomaba mis cuadernos de dibujo y podía pasar horas enteras dibujando.
Confucio dijo: "Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día en tu vida".
Era eso lo que en verdad quería, no me importaba no ganar dinero con ello o no ser reconocida, yo anhelaba dedicarme a ilustrar. Claro que no iba a ser sencillo, no tenía una carrera que me respaldara ni contactos en esa área, además, para la mayoría de los que conocía, aquello era más bien un pasatiempo, no un empleo, pero creo que cada uno forma sus propias oportunidades.
Hice lo que aprendí cuando busqué trabajo a mis cuarenta y tantos, sin experiencia laboral: tocar puertas, recibir menosprecios y negativas. Esta vez ya no me partió el corazón regresar a casa sin éxito, ni me arrepentí por lo que no era, estaba en el proceso de descubrir cómo lograr ser.
Basándome en las entrevistas que tuve, entendí lo que esperaban de un ilustrador profesional y las habilidades y entrenamiento técnico que me era indispensable. Me pagué diferentes cursos y comencé a practicar, retomé mis estudios universitarios para poder postularme a una carrera y ser profesional, nunca es tarde para empezar.
Encontré algunas plataformas en línea que publicaban los trabajos de personas amateur y ofrecían retroalimentación de expertos en la materia para mejorar.
Así me convertí en novata y me sentí feliz de poner mi trabajo en un escaparate público. No aspiraba a volverme famosa o ser requerida por alguien para trabajar, únicamente estaba orgullosa de poner mi trabajo a consideración y haber logrado dedicarme a lo que me gustaba, mi paga era haberme atrevido a hacerlo.
El día que me llegó una propuesta para usar uno de mis dibujos para una página casi me caigo de la emoción.
Una doctora que publicaba regularmente, me llamó para pedirme varias ilustraciones y logré aparecer en algunas de sus ediciones. Estaba muy emocionada, eran pequeñas participaciones pero en un mundo tan competitivo como aquel, era un logro enorme.
Finalmente decidí publicar algo que fuera enteramente mío; algo para el público infantil que era lo que más me llamaba, aunque el reto mayor sería escribirlo, no se me daba nada bien escribir, pero creí que podía aspirar a ilustrar un cuento corto.
Tras varios meses de trabajo arduo, pude concluir mi proyecto y presentarlo, era mi mayor logro en la vida después de la crianza de mis hijos.
Durante ese tiempo Julieta dió a luz sin complicaciones a mis primeros nietos; Santiago y yo éramos tan dichosos, que decidimos retomar definitivamente nuestra relación de pareja; tras nuestra convivencia, me di cuenta de que me sentía muy segura y empoderada, ya nada me impedía sentirme confiada a su lado.
Todo era vertiginoso y vibrante.
Algunos meses más tarde, recibí la noticia más impactante de mi vida y no podía esperar a reunirme con mi amada familia para compartirlo, Martín estaba en la ciudad pasando unos días de asueto así que nada podía estar saliendo mejor.
Regresaba de hacer mis compras y puse el altavoz de la camioneta;
-¡Santi, buenas noticias!, me acaban de llamar de la editorial, van a agregar mi cuento a una colección nueva que van a sacar. ¡Voy a ser publicada! ¡Estoy tan emocionada!-
Santiago estaba tan conmovido como yo, me detuve en el semáforo y un joven se acercó a vender flores, estaban hermosas, yo veía todo con un halo maravilloso ese día.
-¡Felicidades amor qué alegría! Hay que celebrarlo-
-Claro, llama a todos a que vengan a cenar a la casa, quiero contarles. ¡Un día voy a recibir una hermosa edición para colocarla en mi biblioteca! ¡Lo logré!-
-¡Pero por supuesto!, voy a sacar lo que necesitemos para la reunión y hacemos una fogata en el jardín ¿Qué te parece?-
El semáforo cambió a verde y avancé por la avenida, repentinamente un camión a toda velocidad se acercó en sentido contrario y alcancé a ver cómo me impactaba sin remedio, aquellas hermosas flores volaban por el aire mientras escuchaba todavía el altavoz y mis gritos se ahogaban por el crujir del metal.
Santiago en la línea seguía escuchando los gritos y finalmente, el silencio.
-¡Rebeca, Rebeca, responde; Dios mío Rebeca!- Soltó el auricular y salió corriendo. En su mente repetía una y otra vez ¡No Dios mío, no!
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Hoy amanecí cansada
RomansaRebeca es una mujer que tras su divorcio no sabe el rumbo que tomará su vida, se enfrenta a los obstaculos de su día a día sintiendose abrumada y los eventos cotidianos la remontan a sus recuerdos de juventud.
