Miedo al éxito

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Al pasar la barca
Me dijo el barquero
Las niñas bonitas
No pagan dinero.

Yo no soy bonita
Ni lo quiero ser
Yo pago dinero
Como otra mujer

Siempre pensé que sacar beneficios por la apariencia física era despreciable, justamente por eso sentía que mi labor doméstica debía ser desempeñada de manera eficiente, yo no soy precisamente una belleza y estaba harta de que me dijeran mantenida por que mi trabajo no factura honorarios, ser ama de casa es un trabajo digno y muy infravalorado además, ¿estaría yo tan cansada al final del día si recibiera todo sólo por mi linda cara?,  alguien tan promedio como yo, ¿qué sabía de OnlyFans?

Aún así, sacando las cuentas del mes, llamaba a mi imaginación tener de repente una belleza extraordinaria, como en las novelas de frágiles e inocentes jóvenes que se encuentran con inadaptados caballeros varoniles y millonarios que les resuelven la vida y las aman sin límites por siempre jamás, pero no, llevaba varios años con obesidad y descuidando mi apariencia; cara lavada y pants eran mis compañeros inseparables, tenía fragilidad sólo en las rodillas por falta de entrenamiento y calcio mientras que mi juventud se escapaba vertiginosamente. 

Honestamente aunque me hubiese transformado en un instante con una varita mágica, no aceptaría los avances de nadie sólo por estar en una posición económica cómoda, así que a otra idea.

Gabriela, me propuso abrir una pequeña boutique entre ambas, tenía un ingreso suficiente con el negocio de transportes que su difunto esposo le había heredado, sin embargo, ella quería algo con qué "entretenerse", pero no sola, siempre quiso que emprendiéramos algo juntas, tuvimos la idea de tener un proyecto desde la preparatoria y nos imaginábamos lo que haríamos cuando fueramos exitosas, no obstante nuestras ocupaciones no permitieron que llegaramos a un acuerdo. 

Primero me casé prematuramente con Santiago, luego vinieron los hijos, después se casó ella y se fué a vivir lejos, eso puso pausa a nuestros sueños durante largo tiempo, cuando regresó al país, yo estaba en el apogeo de la vida familiar feliz y junto con su esposo generamos una relación maravillosa pero no de negocios.

Cuando los hijos comenzaron a independizarse y parecía que al fin retomaríamos nuestros planes, falleció Miguel el esposo de Gaby y ella tuvo que hacerse cargo de sus negocios, ya que sus hijos aún eran pequeños para eso, Santiago, la ayudó en lo posible mientras tomaba las riendas y finalmente llegó el momento en que uno de sus hijos junto con el administrador de confianza de la empresa, se hicieron cargo de sus asuntos.

Ahora, estando yo recién divorciada, parecía el momento adecuado, de hecho, mi primer idea al rechazar la pensión de Santiago fué iniciar un negocio pero ya en la planeación, me retoñaron las inseguridades de los anteriores intentos. Mi lista de emprendimientos fallidos era más o menos así:

Abrí un bistro en una zona que no era para nada prometedora y donde no había negocios de ese tipo, yo estaba feliz con mi pequeño lugar acogedor pero cuando comenzó a tener auge, abrieron hasta cuatro más en la misma zona, incluso los dueños de los otros negocios iban a copiar el menú y agregaban bebidas gratis. Pagando una renta mensual, yo no podía competir contra los propietarios de sus locales y cerré.

Intenté con un servicio de estilista a domicilio, era conveniente por el horario y dejaba un buen margen de ganancia pero tuve una mala experiencia con un cliente que en su frustración amenazó incluso con demandarme; francamente me pareció excesivo, aparte de que no estaba segura de que realmente hubiera algo que reclamar, es muy subjetivo porque la mayoría de personas eran del tipo: "hazme un corte que se me vea bien" y yo los veía bien, la mayoría coincidía conmigo y estaba feliz con su imagen pero creo que este personaje no estaban muy conforme con su apariencia; milagros no hago.

Comencé a vender accesorios y joyería en línea pero cuando mi querida cuñada, (que también era mi socia) vió el tremendo potencial del negocio, me hizo a un lado creando una cuenta alterna y robando a los clientes, cuando lo descubrí porque mis ganancias disminuyeron y me faltaba mercancía, cerré la tienda en línea y ella sólo duró unos meses más, no era fácil manejar todo sola.

Finalmente abrí un café internet y gracias al cielo funcionó tan bien que nos dió de comer cuando Santiago, se quedó sin trabajo, pero al recuperar sus ingresos, insistió en que cuidara de su madre que pasó por una cirugía y yo era la única que no estaba "realmente ocupada" y sin pretexto para no asistirla, así que cerré el café. Después de eso, francamente me daba flojera iniciar de nuevo.

Con ese panorama en mi mente, decidí  buscar un empleo formal en alguna empresa, era más seguro un salario del tamaño que sea con prestaciones y que me diera algo de experiencia, o eso suponía, hacía quince años que no estaba contratada por nadie.

"No soy bonita, mi esposo miró hacia otro lado, pero soy algo ¿no? puedo verme a mí misma y hacer que los demás vean mi esfuerzo, voy a salir adelante ¿o no?, si salgo al mundo, ¿el mundo me va a escupir?"

Llamé a Gabriela para explicarle lo que había decidido y mis razones, le advertí muy convencida:

 -Si inicias un negocio conmigo será un fracaso, soy buena para promover el éxito de los demás pero no el mío así que si quieres te ayudo pero no me asocio-, ella no estaba de acuerdo conmigo

-¡Claro que no! aquello no funcionó porque te rendiste, eres la única enemiga que necesitas para fracasar, pareciera como si tú misma te estuvieras boicoteando, no sé cómo te las ingenias para no ver lo que es claro para los demás ¿Qué, le tienes miedo al éxito? Mira, no necesito el dinero y el plan es emprender juntas, cuando te canses de jugar a la indigencia me llamas y abrimos juntas o no abro nada-.

Sí me da miedo.

Hoy amanecí cansadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora