Responsabilidad afectiva

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Mi madre se quedó absorta y misteriosamente, no sé si por el shock o porque a pesar de su simpatía por Santiago, era muy orgullosa, no dijo más y se fué; no sin antes acordar que yo iría a hablar con mis exsuegros para poner las cosas en claro; no le parecía bien que ellos pensaran que yo era culpable de todo y pensándolo bien, una vez librado el camino con mamá,no tenía tanta angustia en hablar con ellos. 

La situación con mis hijos era otra cosa.

Como era de esperarse hubo una conmoción enorme, mis hijos, obviamente supieron que nos divorciábamos y en un momento dado, supieron que su padre tenía otra relación, pero de que iba a casarse de nuevo, ni yo estaba enterada.

Lizzy no dijo nada, se retiró a su habitación y cuando fuí a por ella, sin abrir la puerta, dijo que estaba bien en tono muy tranquilo, que bajaría hasta la hora de comer y que iba a estudiar. Yo sabía, ella seguramente lloraba. 

Siempre fué la favorita de Santiago y ella lo adoraba, cuando nos separamos no lo resintió tanto porque él frecuentemente pasaba por ella a la escuela y salían con sus hermanos los fines de semana, de hecho tal vez se veían más que de ordinario, pero saber que su padre se volvería a casar sería para ella una idea descabellada.

Después de un rato mis hijos mandaron mensajes al chat conmigo, -¿Qué es eso de que papá va a casarse de nuevo? ¡Apenas hace poco más de dos meses que se divorciaron!-. 

No sabía cómo manejar esta información, esperaba que fuera el mismo Santiago quien se los hiciera saber pero Lizzy, llegó a casa en el momento más inesperado y se dió cuenta de todo. Ellos todavía estaban asimilando la nueva situación de la separación y cuando eso pasó las cosas fueron distintas.

Unas semanas después de separarnos decidimos que antes de hacer los trámites para el divorcio debíamos hablar con nuestros hijos. Reunimos a los tres en la sala y comenzamos a explicarles, inicié yo;

-Como saben, nosotros estamos separados desde hace unos días y suponemos que pueden pensar que es un periodo pasajero pero no es así, en realidad nuestros problemas vienen de hace un tiempo y decidimos que lo mejor para nosotros es tramitar el divorcio, pero no queremos hacerlo sin antes escuchar lo que tengan que decirnos-.

Uno a uno fueron formulando sus preguntas, primero por las razones de la separación; aunque yo ya les había explicado, ellos no estaban conformes con eso, mi explicación giraba en torno a que perdimos el amor de pareja y nos distanciamos, que en realidad no me estaba rompiendo el corazón sino que también quería mi libertad. Me remonté a los primeros años de matrimonio en los que quise cancelar la boda y después les aseguré que estaba muy bien y agradecida por los años de matrimonio, hice especial énfasis en que su padre y yo quedábamos como amigos y felices.

Pero los hijos no son tontos, únicamente son demasiado prudentes y respetuosos por amor. Santiago comenzó mal 

-Es que desgraciadamente encontré a otra persona-. ¡Qué manera de decirlo!, como si hubiera tenido un choque en automóvil y hubiera terminado en los brazos de una depredadora. 

Eduqué a mis hijos en la convicción de ser responsables de sus decisiones, obviamente no lo iban a pasar por alto. Martin fué el primero en hablar sobre eso

-Debes hacerte responsable de tus actos, mamá quiere hacernos creer que tu falta de respeto hacia su confianza es culpa de ambos y que no la has lastimado, pero si yo hiciera lo mismo con mi esposa ¿Crees que estaría bien?, uno no se encuentra con personas y de repente termina con su matrimonio por eso, o no debería ser así-. 

Mi hijo era implacable con las palabras, el respeto y cariño hacía su padre no le nublaba la lucidez. 

-No te estoy pidiendo cuentas ni emito un juicio en tu contra, simplemente te pido que respetes nuestra inteligencia y la de mamá, asumiendo tus decisiones con sus consecuencias, entendemos que se separan y que tienen derecho a decidirlo pero queremos que te quede claro que después de irte cuides de tu persona como ella lo hacía y que no faltes más al respeto a mamá hablando de esa persona para justificarte-.

Julieta asintió con la cabeza, -Exacto, también nosotros hemos tenido tiempo para analizar lo que nos corresponde ahora y es evidente que seguimos teniendo el amor y respeto por ti que antes de irte pero las circunstancias cambian, tienes una nueva relación de la que no queremos formar parte de ninguna manera, no queremos conocer ni tener injerencia alguna con ella pero aún así, debes compartirnos tus planes de vida porque no habrá nadie mas que lo haga y queremos estar presentes para tí, necesitamos saber que estás bien, entonces, es tu responsabilidad cuidarte y pedirnos lo que necesites, apoyo, compañía o lo que sea, además  en el caso de Lizzy aparte de eso debes seguir pendiente de sus necesidades económicas y emocionales porque aunque es mayor de edad es soltera, estudia y te necesita más que nosotros-.

Lizzy que tenía a Lucho en su regazo lo abrazó y comenzó a llorar,  en ese momento yo hubiera querido moler a golpes a Santiago y arrancarle la carne a latigazos a su amada "ella" se me pasaba mi molestia emocional cuando veía sufrir a mis hijos por algo que no estaba en mi mano poderles evitar. Me mordí los labios y pasé a abrazar a mi hija, mientras Lucho la consolaba a lengüetazos y ella lo acariciaba suavemente, cuando estaba más tranquila hice un ademán a Santiago para que se acercara a ellos y los cuatro se abrazaron.

En un fugaz momento recordé casi la misma escena abrazados pero con rostros sonrientes, era el cumpleaños de Lizzy y Santiago trajo a Lucho del refugio para perros, lo llevamos ahí porque tratamos de darlo en adopción después de rescatarlo pero a la semana era parte de la familia y lo extrañabamos, ese era un gesto que mis hijos nunca dejaron de agradecer a su papá; el mismo abrazo se repitió una tarde en esa misma estancia cuando miraban videos y pasaron Happier de Marshmello, mientras su padre los consolaba, los chicos no pudieron evitar entristecerse con su perro lanudo en brazos, y así innumerables veces se refugiaron en él. 

Santiago siempre fué el héroe de mis hijos y por eso era tan grande su responsabilidad con ellos. Me pareció que ellos también estaban haciendo esas remembranzas.

Al despedirse, cada uno con un abrazo, alcancé a escuchar a Julieta, ella siempre tuvo una relación muy relajada con su padre, cuando se acercó y le dijo al oído- ¡Ay papito, estás bien güey!

Hoy amanecí cansadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora