Capítulo 12

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— Antonella, déjame llevarte a tu casa — Nelson vino detrás de mí.

— Tranquilo, regresaré sola, deberías curarte — me giro para irme pensativa. Me detuve dándome la vuelta hacia él nuevamente. — ¿No te gustaría venir a mi casa?, puedo explicárselo a Natt un poco, quizás lo comprenda y puedas quedarte...

— Ahora te digo a ti que no te preocupes — toma mis manos — Gracias por intentar defenderme.

— ¿Por qué no te defendiste? Tengo la impresión de que no tuvieras idea de enfrentarte.

— No merecía la pena, lo único que haría era agravar las situaciones — suspira — Me marcharé antes de que todo se ponga peor, si la agarró contigo, quizás lo haga con Camila si permanezco aquí.

— ¿Tú crees que pueda agredirla?

— No, de todas las mujeres en el mundo, a la única que no tocaría ni solo un pelo es ella y a ti — me mira formulando una pequeña sonrisa — Vamos, te acompaño aunque sea — camina a la puerta.

— ¿No te despides de Camila? — tiro de su brazo para detenerlo.

— Es mejor así, las cosas están muy calientes, no quiero empeorarlo, intentaré venir mañana — termina de salir de la casa al igual que yo.

Ambos subimos al auto, el mío se lo llevaría uno de los guardaespaldas hasta la casa. Camino a mi hogar, pude percatarme como los golpes de Nelson no se veían muy bien, tenía el labio roto, además de la ceja. Preferí dejarlo así hasta que llegáramos.

— Ya está — se gira para sonreírme.

— Ven entra, así puedo curarte — abro la puerta saliendo del auto.

— Antonella no hace falta — insiste.

— No te estoy preguntando, espabila — cierro la puerta, camino a mi auto para coger algunas cosas. Me entregan el bolso, saco mis llaves para entrar.

— ¿No hay nadie? — me doy cuenta de que la mira un poco por encima.

— No, Natt trabaja y mi hijo está en la guardería — dejo las llaves donde iban — Como puedes observar, no es una mansión como están acostumbrados a vivir, pero es mi casita hermosa — rio para liberar tensión.

— Me encanta — ríe — Se nota que es un hogar, un lindo hogar — mira las fotos colgadas del matrimonio.

— Sí, mi hogar, últimamente se me ha olvidado — las miro. Nelson apoya su mano en mi hombro reconfortándome, no decía nada, pero para mí lo decía todo. Fui a por mi botiquín de primeros auxilios, lo invité a ir al salón. Observo detenidamente sus heridas, efectivamente, no estaban nada bien.

— La ceja necesitará puntos. Casi te mata — cojo los algodones mojándolos en alcohol — Te arderá un poco — le aviso con antelación antes de ponerme a desinfectar la herida — Nunca lo había visto así, es increíble — niego inaudita.

— No suele tener esas reacciones casi nunca, suele tomarse las cosas con "calma" — hace uno entrecomillas con sus dedos — Cuando no son temas tan importantes, pero si tomas en cuenta que te metes con su familia, date por muerto.

— Pero eres su hermano, no puede ser así de... capullo — lo suelto, tenía que hacerlo, quería decirlo desde hace rato, sí.

— Eso es lo que más le molesta, una persona que ha estado con él siempre, en las buenas y en las malas se meta con la persona que más adora en la tierra — su forma de decirlo sonaba tan especial.

— Entiendo — sigo a lo mío priorizando la ceja — Como te dije, la ceja necesita puntos, es mejor que vayas al hospital.

— ¿Eres enfermera, no? Pues cóseme tú.

Adicto Deseo [#2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora