CAPÍTULO 7

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LORENA.

Pulso el botón del ascensor y las puertas abren, permitiéndome entrar. Justo cuando están a punto de cerrarse, una mano lo detiene y un rostro familiar aparece frente a mí.

Iván...

Ambos nos miramos atónitos frente a frente y nuestras expresiones hablaron por sí solas mientras nos encontrábamos en un silencio incómodo.

Él se colocó a mi lado y lo único que hacía era ver pasar los grandes y llamativos números en rojo que marcaban los pisos que íbamos dejando atrás acorde a los segundos.

Esta situación era demasiado incómoda, el ascensor estaba subiendo más lento de lo habitual.

Sentía cómo la ansiedad me carcomía por dentro. Me obligaba mentalmente en no decir nada al respecto y quedarme callada, tenía que seguir el consejo de Timothy.

Mi propio cuerpo me estaba traicionando, un picazón en la lengua me instaba a abrir la boca y hablar. Esto es demasiado difícil para mí, no era mi naturaleza quedarme callada, hablaría hasta por los codos si pudiera.

El ascensor se detiene y las puertas se abren ampliamente, avisándonos que uno de nosotros ha llegado a su destino.

Sentí la mirada penetrante de Iván sobre mí y me esforcé en no girarme para mirarlo.

《No hay nadie ahí, Lorena, solo sigue mirando derecho.》Me repito mentalmente.

Poco después, Iván sale del ascensor y se queda de pie en medio del pasillo esperando por algo en particular. Las puertas del elevador comienzan a cerrarse lentamente, y justo cuando está a punto de hacerlo, veo a Iván voltearse rápidamente hacia mi dirección.

—Lorena yo...

El fuerte ruido de las puertas de metal cerrándose interrumpen sus palabras.

—I-Iván...

Fue lo único que pude articular cuando ni siquiera lo tenía frente a mí.

•○•○☆○•○•

IVÁN.

¡El elevador!

¡Ah, por Dios! Me agarro la frente frustrado.

Solo a mí se me ocurre llamarla cuando ya está a punto de cerrarse el ascensor.
¿Cuándo tendré otra oportunidad para hablar con ella? O sea, solo hoy tuve las agallas...

Fue mi única oportunidad y la desperdicié.

Ay Lorena... ¡Lorena! En verdad tengo que hablar con ella ahora mismo, sin duda alguna.

Corro por el pasillo buscando la escalera de emergencia y subo hasta llegar a su piso. La veo caminar a lo lejos y grito su nombre.

—¡Lorena! —ella voltea a verme y apresuro mis pasos.

Respiro pesadamente cuando me encuentro frente a ella. Mantiene ese semblante serio y sin emoción con el que la encontré en el elevador. No quiero que piense las cosas incorrectas acerca de lo que pasó. Aunque fue completamente mi culpa, no quiero imaginar que me va a odiar por eso.


Me dejé llevar por el momento, no estaba en mi sano juicio. Me encontraba ebrio y al lado de la chica que me gusta... esas dos cosas no van bien juntas.

Inevitablemente TuyaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora