IVY.
Termino de atender al último cliente y observo la hora. Este apuntaba a las ocho en punto y no evité soltar un ligero suspiro aliviada de que ya todo había terminado.
Un compañero de trabajo llega a mi lado para sustituirme y entro a la habitación de solo empleados. Agarro mi pequeña mochila donde guardo mis pertenencias cosas y me dirijo al baño para cambiarme el uniforme.
Al terminar, mientras cerraba la puerta detrás de mí, me encuentro con Joe, el dueño del lugar y un muy buen amigo de mi familia.
Me sonríe inmediatamente con una amistosa sonrisa y le devuelvo el gesto.
—¿Ya te vas?
—Sí, terminé mi turno —respondo con tranquilidad.
—Vete con cuidado, no pases por lugares en los que consideras que son muy oscuros —me recomienda con preocupación a lo que asiento en silencio.
—Adiós, te veo la próxima semana —me despido saliendo por la puerta trasera del edificio.
El gélido viento chocó inmediatamente contra mi piel helándome el cuerpo. Comienzo mi recorrido caminando por las grandes calles que seguían llenas de personas, mientras que innumerables autos pasaban a cada segundo por la autopista provocando un constante bullicio.
Normalmente, después del trabajo, siempre regresaba caminando a casa. No era la gran cosa después de todo, necesitaba ahorrar dinero y hacer un poco de ejercicio.
De repente, tuve el presentimiento de que alguien me observaba detenidamente. Miré a mi alrededor inmediatamente y solo pude toparme con más miradas por parte de la gente que pasaba a mi lado.
《Hay muchas personas, es lógico que me sentiré observada.》Me repetí mentalmente con la intensión de calmarme un poco.
—Oye —sentí unas manos tocarme a cada lado del hombro y me sobresalté del susto deteniendo mi paso para voltear hacia atrás.
Dos chicos, más altos que yo, se encontraban detrás de mí sin retirar su agarre de mí. Los observé algo confundida y quito sus manos asqueada por su atrevimiento.
—¿Qué quieren? —les cuestioné con algo de temor.
—No somos de aquí y queríamos preguntarte si nos podrías dar la dirección de algún lugar en la que pudiéramos cenar algo rápido.
Di un paso hacia atrás, totalmente alarmada sobre la situación mientras asiento lentamente. Miré a mi alrededor y ya no se veía pasar a más personas. ¡¿Dónde quedaron todos?!
Está bien, cálmate, Ivy.
—Pues acaban de pasar uno, supongo. ¿Ven esa calle de allá? —señalé con mi dedo —. Caminen dos cuadras, giran a su lado izquierdo y podrán ver el comedor. O si quieren, de aquí a la rotonda —les señale hacia la dirección en la que me dirigía —, unos cincuenta metros hacia el norte hay otro, y de ahí en toda esa calle se encuentran más. No se pierden porque están los letreros por todos lados.
—Gracias —me sonrieron los chicos y sin devolverle el gesto, continué caminando.
Tremendo susto me dieron, pensé, recuperando el poco aliento que me quedaba.
Pasé la sagrada rotonda y ellos seguían detrás de mí. "Ivy, solo están caminando hasta la dirección que les diste", me autoconvencí. Sí, debe ser eso.
Pero no fue así. Terminé de cruzar el resto de la calle y seguían detrás de mí como perros falderos. Me aferré con fuerza a la correa de mi mochila algo nerviosa, sintiendo cómo mi corazón comenzaba a acelerarse con cada paso.
ESTÁS LEYENDO
Inevitablemente Tuya
ChickLit¿Y si por accidente te reencuentras con el chico que te botó la maleta en el metro? ☪ Lorena acaba de mudarse a Brooklyn y para su mala suerte se encontró con Iván, el chico que le botó la valija y no paró de mirarla fijamente desde su encuentro. Am...
