CAPÍTULO 44

215 10 3
                                        

LORENA.

Celine: Hoy despediremos a Iván en el aeropuerto. Eliot los pasará buscando en la camioneta.

Mis ojos se entreabrieron de inmediato al repetir una y otra vez la palabra despedida en mi mente. ¿Ya se va Iván? Leí el mensaje de Celine en el grupo, que lo había enviado desde las cinco de la mañana, procurando que todos nos alistáramos y asistiéramos.

Solté un pesado suspiro, mientras mi vista se dirigía automáticamente hacia mis muñecas, recordando que esas marcas, una vez, habían estado ahí. Un pequeño acto causó grandes conflictos.

Me autoconvencí de que debía seguir actuando normal con él, como si nada de esto hubiera pasado. Pero en el fondo, quería escapar de esta situación. Si oportunidades como estas se presentaban, lo único que debí hacer era aprovecharlas y decirle la verdad aunque le doliera. Era mi amigo, aunque que ya ni siquiera sé qué valor tiene esa palabra en nuestra relación. Tenía que dejarle bien claro con palabras muy sencillas: Tú no me gustas. No me siento de la misma manera.

Si dejaba pasar oportunidades como esas para aclararle mis sentimientos, entonces nunca lograría que me tomara en serio e ilusionarlo.

Ya era hora de irme al aeropuerto y, como me indicó Celine, la esperé fuera del edificio. Cuando una camioneta se detuvo frente a mí, supuse que eran ellos. La ventanilla se bajó y solo pude ver la cara de Eliot con unos lentes oscuros.

—Lorenita, sube —rodeé los ojos inmediatamente a su forma de aclarar que era pequeña. La puerta trasera se abrió, dándome vista a Celine y Timothy quien estaba en el asiento del lado del conductor —. ¿Por qué nunca contestas mis mensajes, Lorena?

—Ella no tiene tiempo de hablar con pestes como tú —respondió Celine con una sonrisa desafiante.

—Nadie está hablando contigo, rata de las cloacas —la camioneta arrancó y Celine le mostró el dedo del medio para que la pudiera ver a través del retrovisor, riendo entre dientes mientras lo maldecía por lo bajo.

—Put* —le dijo, y me mordí los labios, aguantándome la risa.

Siempre he pensado que Celine busca cualquier oportunidad para armar un pleito con Eliot. Sé que ama las discusiones y las confrontaciones porque otra persona simplemente lo ignoraría.

—¿No vendrá Ivy? —pregunté al no tener señales de vida de ella durante días. Celine me empujó ligeramente del hombro con una amplia sonrisa, como si ya se había imaginado toda una vida juntas.

—¿Ahora te preocupas por ella? Qué linda —declaró en un tono juguetón.

—Siempre lo he hecho —respondí, intentando sonar seria.

—Aw —recostó su cabeza sobre mi hombro y sentí las miradas de esos dos sobre nosotras —. ¿Por fin aceptarás su...?

—Cállate —le advertí, mirando directamente al espejo; Eliot parecía más atento a nuestra conversación que al camino.

—Solamente bromeaba...

•○•○☆○•○•

Al llegar, encontramos a Iván, esperándonos en uno de los asientos con la mirada perdida. Cuando su rostro se levantó y nos miró, su expresión se iluminó.

—¿Qué hacen aquí? —se levantó rápidamente con una amplia sonrisa que era contagiosa, pero Eliot, del agua fiesta que es, arruinó el momento conmovedor.

—Literalmente, Celine lo anunció por el grupo —rodeé los ojos por lo innecesario que fue su comentario.

Y justo en ese instante, Celine me palmeó el hombro, indicándome que volteara a ver hacia atrás solo para encontrarme con Ivy.

Inevitablemente TuyaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora