CAPÍTULO 34

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IVY.

—¿Crees que se haya enojado? —le cuestiono a Celine por el celular.

—No lo sé, ¿quizás solo un poco? —respondió en un hilo de voz dudoso, a lo que dejé que mi cuerpo se recostara sobre el barandal.

Mi vista se dirigió al amplio mar desde el balcón, reflejaba calma y fulgor desde lejos, algo que simplemente me faltaba a mí.

—¿Qué se supone que haré, Celine? Yo ya no lo sé. Somos tan diferentes...

—No lo sobrepienses, dicen que los polos opuestos se atraen.

—Hay una gran diferencia entre la física y los sentimientos humanos —miré al vacío, escuchando esa oración repetirse una y otra vez en mi cabeza —. ¿Y si no somos la una para la otra? ¿Y si no merecemos estar juntas? ¿Y si todo esto es un... error?

—Mierda —la escuché susurrar claramente harta, quizás de escuchar mis estúpidas excusas —. Ivy, esto te pasa por seguir despierta a estas horas de la noche. Escúchame bien, no importa qué mierda estás pensando ahora sobre tu relación con Lorena, pero créeme que deberías de dejar de sobrepensar tanto. Me imagino lo difícil que es esto para ti, pero confía un poco en ti. Lo más probable es que quizás sí corresponda tus sentimientos.

—Quizás... —repetí sus palabras, mientras la cólera se extendía sobre mi pecho.

—Sí, quizás. Solo se comprensiva con ella, tienes que hacer tu mayor esfuerzo en conquistarla y no actuar como una estúpida infantil como acabas de hacerlo. ¿Escuchaste? —guardé silencio, asistiendo con la cabeza, aún sabiendo que ella no podía verme.

—Está bien, buenas noches.

—Hazme caso, ¿sí? Buenas noches, Ivy.

Colgué la llamada y entré al cuarto, cerrando la puerta del balcón detrás de mí.《¿Ya estará dormida?》Pensé, mientras me recostaba en la cama, acurrucando mi cuerpo entre las sábanas y sumergirme en un sueño inmediato.

•○•○☆○•○•

LORENA.

Me removí constantemente entre las heladas sábanas, incapaz de conciliar mi sueño. ¿Qué hora será? No había logrado dormir desde que dejé caer mi cabeza sobre la almohada.

La idea de ir a dormir con Ivy cruzó por mi mente, haciéndome pensar que era una buena idea. Salí del cuarto a puntitas, siendo guiada por la linterna de mi celular. Giré el manubrio de la puerta con delicadeza, intentando no hacer el mínimo de ruido y cuando esta cedió ante mi agarré, entré.

Me posicioné a su lado, situándome con cuidado sobre la cama para acurrucarme con ella en la misma sábana. Su temperatura corporal me hizo pegarme contra su cuerpo, dejando que mis manos se deslizaran suavemente alrededor de su cintura e inmediatamente sentí mis ojos comenzar a cerrarse como si fuera esto fuera lo que quería desde el principio.

—Hmm... —la sentí removerse contra mí, lo que me hizo abrir los ojos, pensando que quizás la había despertado —. ¿Qué haces, Lorena?

—Eh, ¿no estabas dormida? —mantuve mi cuerpo gélido esperando por una respuesta de su parte.

—¿Qué querías?

—No respondiste a mi pregunta.

—Que qué querías, dije.

—No puedo dormir —expliqué, algo avergonzada.

—¿Y yo sí te ayudo a hacerlo?

Inevitablemente TuyaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora