CAPÍTULO 40

130 12 1
                                        

IVY.

Mi momento de tener un sueño de paz, se desvaneció abruptamente cuando sentí el cuerpo de alguien más removerse contra mí. Mi corazón se disparó mientras me incorporaba abruptamente en la cama solo para encontrarme con la oscuridad acechándome.

La sensación de estar expuesta a algo me invadió. Intenté reubicarme en la oscuridad, tratando de recordar en dónde y con quién estoy.

Me sentí ansiosa al darme cuenta de que todo era distinto con tan solo sentir la posición de la cama.

Con los dedos temblando, me atreví a tocar a quien fuera que estaba a mi lado. Su cuerpo se removió de inmediato, asustándome. Quejidos suaves escaparon de sus labios y pareció se moverse en varias posiciones, pareciendo querer encontrar la indicada.

—¿Qué quieres? ¿No puedes dormir? —preguntó con una voz adormecida y de inmediato llegué a identificar ese tono familiar que me llenó de tranquilidad.

—¿Lorena? ¿Qué haces aquí?

—¡¿Aquí?! ¿Qué haces tú aquí aún en mi casa?

Con que estaba en su departamento, sabía perfectamente que no era el mío a pesar de no poder ver.

—¿Volvimos juntas luego de que te invité a salir? —pregunté, confundida, al no recordar nada de la noche anterior.

—¿Llevarme a salir? —bufó, irritada —. Luego de que me fuera a arreglar y te busqué, te encontré plácidamente dormida en el sillón.

—Ah, debí haberme sentido muy cansada. Lo siento.

—Está bien —dijo, mientras encendía la pequeña lámpara de mesa, casi cegándome los ojos. Miró la hora en su celular y se quejó, recostándose de nuevo.

—¿Qué hora es? —pregunté con curiosidad.

—Las siete.

—¡Las siete! Uh, pronto tendré que irme. Es tarde —me levanté con rapidez y noté algo que me causó inquietud.

Estaba en pijama. ¿Ella me quitó la ropa? ¡¿Me vio desnuda?!

—¿Dónde está mi ropa? —me desesperé imaginándome el peor hecho que me pudo haber pasado.

—Sobre el tocador —mi vista se dirigió rápidamente hacia esa dirección y, en efecto, ahí estaba.

—¿Me viste en ropa interior? —evité su mirada, sintiendo la vergüenza extenderse por mi rostro.

Mi reacción pareció avivar su energía matutina. Se acercó a mí, recostándose hacia mi dirección, agitando sus pies en el aire de una manera seductora.

¿Cómo rayos en el mundo podía alguien como ella dormir terriblemente; roncar como si no hubiera dormido por noches y aún así despertarse luciendo tan increíble?

¿Pienso en todo esto porque estoy enamorada? No le encuentro ningún defecto, maldición. ¿Qué es esto? Si ella es tan... tan...

Hice el mayor intento de encontrar aspectos negativos de ella, pero con esos hermosos ojos que ella sabía que tenían el poder de hechizar, no pude hacerlo. Ella es tan hermosa.

—¿Qué pasó? ¿Por qué no hablas?

—Ah —solté una risilla nerviosa, dándome cuenta de cuánto tiempo la había quedado observando.

—No, no te vi en ropa interior —inclinó su cabeza ligeramente hacia un lado, llevando un flechazo a mi corazón —. Te lo juro, fui consciente, muy consciente —me guiñó el ojo y arrugué la cara sin saber cómo podía creerle porque no lo recordaba.

Inevitablemente TuyaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora