LORENA.
Ella me miraba fijamente, reflejando una intensidad que me hizo sentir como si el aire se hubiera vuelto denso. Mi pecho se apretó con fuerza al darme cuenta de que ella hablaba más en serio que nunca.
—¿Quieres hablar entonces? —pregunté, mientras mis ojos viajaban a mi alrededor, notando a las personas de nuestro entorno absortas en sus propias vidas, mientras buscaba algo sensato que decir, pero las palabras parecían huir de mí —. Te dije que te invitaría a un lugar antes...
—No es necesario —respondió, manteniendo su mirada fija en la mía, pero un ligero temblor en sus manos delataba su nerviosismo. Lentamente, sus dedos se acercaron a los míos, tocándome suavemente, llamándome la atención.
—Uh, está bien —apreté ligeramente mi mano contra las suya, aceptando el riesgo de que pronto todo esto podría llegar a su fin —. Después no te quejes, te he querido invitar.
—Estoy bien con eso —me pellizco ligeramente el brazo y me quejé en voz alta ante su ocurrencia.
—¿Vamos a casa? —cuestioné y ella aceptó de inmediato, luciendo desesperada.
Era irónico cómo las cosas habían cambiado. Antes, cada conversación con ella terminaba en discusiones; ahora, las palabras parecían fluir de manera distinta. Cómo pasa el tiempo...
Tomamos un taxi y durante todo el trayecto, Ivy no se dignó a mirarme. Su rostro estaba fijo en la ventanilla, observando el paisaje que deslizaba a gran velocidad, pero sabía que su mente estaba atrapada en pensamientos inquietantes. De manera inconsciente, su mano buscó la mía, entrelazando ambas con fuerza.
Mis ojos se posaron en nuestras manos unidas. Noté que sus dedos temblaban ligeramente y no pude evitar recordarle que seguía a su lado.
Volver al apartamento fue extraño. Era complicado tener a alguien a mi lado que ya no quería conversar. No la presioné, pero de alguna manera deseaba que supiera que sus acciones me afectaban.
Al entrar nuevamente a nuestro lugar seguro, Ivy se dirigió de inmediato a mi habitación, moviéndose con tanta naturalidad que parecía que este espacio fuera de ambas. La seguí por detrás, pensando en lo que me diría.
Al cruzar la puerta, la encontré sentada en mi cama, esperándome. Dejé mi bolso a un lado y silencié mi celular; ahora solo tenía tiempo para ella. Me senté a su lado y en un imprevisto, sentí sus brazos rodearme el cuerpo con una mezcla de urgencia y desdén. Su rostro se hundió en mi pecho, inhalando mi fragancia como si buscara un refugio en mí.
Lentamente correspondí su abrazo, aún confusa. Ivy no mencionó nada y yo tampoco lo haría a menos que ella lo hiciera. Sentí su largo suspiro, enviando espasmos por mi cuerpo; mi piel se erizó al percibir su calidez y su deseo de querer permanecer cerca de mí.
—No puedo más —susurró, y me quedé gélida, pensando que si no decía nada, ella continuaría hablando.
Sus manos se deslizaron hasta posarse en mi cintura, aferrándose a mí con una fuerza que me tomó por sorpresa. Un jadeo escapó de mis labios y de inmediato me sentí avergonzada ante su pequeño toque.
—Querías decirme algo... —le recordé, y ella ajustó su postura, dejándonos cara a cara, inmersas en la mirada de la otra.
—¿Qué somos? —preguntó, y mis cejas se alzaron al escucharla. Mi pecho se comprimió al no saber qué responder. Un inmenso silencio se instaló entre nosotras y al darse cuenta de que no ofrecería respuestas, continuó —. No entiendo nuestra relación. A veces somos amigas, a veces somos más que amigas, y a veces, solo soy una extraña para ti. Un minuto me hablas como si fuera algo especial y al siguiente me tratas como si no significara nada para ti.
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Inevitablemente Tuya
Genç Kız Edebiyatı¿Y si por accidente te reencuentras con el chico que te botó la maleta en el metro? ☪ Lorena acaba de mudarse a Brooklyn y para su mala suerte se encontró con Iván, el chico que le botó la valija y no paró de mirarla fijamente desde su encuentro. Am...
