LORENA.
Sentí el brillo del sol frente a mis ojos y me cubrí aún más con la sábana, intentando reconciliar el sueño que tanto añoraba.
De repente, escuché la puerta abrirse, y mis ojos se abrieron nuevamente, aturdidos. Espié un poco por el exterior, destapando solo una parte de mi rostro. Justo en ese momento, como si ella supiera exactamente por dónde la estaba mirando, nuestras miradas se encontraron y sentí mi cuerpo comenzar a arder.
Los recuerdos de la noche anterior me inundaron. Era abrumador, se sintió como un golpe de agua fría sobre mí.
Maldición, maldición, maldición.
—Buenas tardes —escuché su voz suave y solté un largo suspiro, preparándome para enfrentar la realidad, después de lo que había ocurrido.
¿Qué se hace después del sexo?
Destapé lentamente mi rostro y me senté en la cama, intentando parecer neutral, pero mi mente solo quería recrear lo que habíamos hecho.
—¿Tardes? —miré a mi alrededor confundida y cuando ella hizo el ademán de acercarse, levanté la mano pidiendo que se detuviera.
Ivy me miró con confusión y, lentamente, destapé mi cuerpo envuelto en la cálida sábana, notando cómo sus ojos se desviaban. Su mirada se dirigió hacia otra dirección, evitando los míos. Curiosa, bajé la vista para entender qué había captado su atención. Al notar las innumerables marcas rojas en mi cuerpo, la volteé a ver asustada.
Levanté la sábana por completo solo para encontrar que estaba completamente desnuda. ¿Así me dormí?
—¿Qué? ¿Por qué me miras así? —pregunté, sintiendo el calor subir a mis mejillas.
Mi vista recorrió el resto de mi cuerpo y sentí mi cuerpo calentarse completamente de la vergüenza. Me destapé por completo, pensando en ir a ponerme algo. Saqué los pies fuera de la cama y al intentar pararme, mis piernas temblaron. Hice el ademán de dar un paso hacia adelante y sentí mi cuerpo debilitarse, tambaleándose.
De inmediato, Ivy corrió hacia mí y me sujetó de la cintura, evitando que cayera, pero a duras penas, logré mantenerme de pie.
Con cuidado, Ivy me hizo sentar suavemente sobre la cama y me quejé en voz alta, al sentir todos mis músculos protestar debido al movimiento.
—¿Estás bien? —cuestionó, y tras soltar un quejido, ella me ayudó a acomodarme nuevamente.
Tomó la sábana y me cubrió el cuerpo completo. Levanté la vista, intentando comprender su gesto, pero enseguida, miré hacia otro lado ante la intensidad de sus ojos. Ivy llevó sus manos hacia mi barbilla, acariciándome levemente el rostro y una sensación electrizante recorrió mi cuerpo.
—Lo siento, ¿te duele algo? —preguntó con preocupación con sus cejas frunciéndose ligeramente y su rostro contrayéndose.
¿Por qué tiene que comportarse de esa manera? Ella es tan... tan... linda.
Ivy me levantó el rostro, uniendo nuevamente nuestras miradas. Con su otra mano, llevó un par de mis mechones hacia atrás y los colocó sutilmente tras mi oreja. Su dedo pulgar acarició mi rostro con delicadeza y en sus ojos solo pude ver amor.
—Me duele todo el cuerpo —hice puchero y ella sonrió aún más, acariciando lentamente mi cabello, acercándose cada vez más a mi rostro, haciendo el impetú de besarme.
—¿Dónde te duele más? —me miró directamente y señalé mis piernas, mi abdomen, mis brazos y mi cuello —. Y también ahí —le indiqué esa zona sensible y rodó los ojos, esbozando un gesto de burla.
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Inevitablemente Tuya
Chick-Lit¿Y si por accidente te reencuentras con el chico que te botó la maleta en el metro? ☪ Lorena acaba de mudarse a Brooklyn y para su mala suerte se encontró con Iván, el chico que le botó la valija y no paró de mirarla fijamente desde su encuentro. Am...
