CAPÍTULO 28

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LORENA.

—Hazlo todo lo que quieras... —sus cejas se elevaron sorprendidas y dudé por un instante sobre la razón de su reacción ante mi respuesta —. ¿Quieres saber más sobre mí? —pregunté nuevamente y ella me miró fijamente en silencio. Elevé las cejas en espera y bajó la mirada, visiblemente avergonzada.

—Sí —respondió con un tono suave.

—Entonces, dime, ¿qué es lo que quieres saber? —sin evitarlo, acomodé mi cuerpo sobre el suyo, apoyando mis manos a cada lado de sus piernas, buscando por un soporte.

—No lo sé, solo quiero conocerte.

—¿Y tú qué crees que significa esa palabra? —bromeé un poco con ella, mientras una mirada fugaz suya, se dirigió a mis labios, lo que me hizo tragar saliva, dubitativa.

—Quiero saber qué te gusta y qué no —susurró con una expresión completamente seria, lo que me dejaba en claro que hablaba en serio. Sin embargo, sus mejillas estaban bañadas en un ligero sonrojo que solo me transmitía profunda ternura —. Quiero escuchar sobre tus recuerdos buenos y malos, cómo es tu vida... —se encogió de hombros.

—¿Mi película, comida y color favorito? ¿Eso es lo que quieres que te diga? —bromeé con una gran sonrisa en el rostro.

—Hablo en serio, Lorena —se enserió, asegurándome que realmente quería conocerme. ¿Por qué?

No pude evitar mirarla durante largos segundos, sin saber qué responderle exactamente. ¿Por qué, Ivy? La pregunta resonaba en mi mente una y otra vez como un disco rayado. ¿Cuál es el propósito de conocerme? ¿Siquiera había uno?

—Si de recuerdos quieres saber, te aburrirás. De todas formas, apenas recuerdo algo.

—Habrá algo, y tenemos toda la noche. La luna apenas está saliendo —me sonrió.

Sí, ella me sonrió y quedé cautivada por su expresión. Sus ojos se achicaron ligeramente y presencié cada una de sus reacciones con atención, en silencio. Esta era la Ivy que conocí en la fiesta.

A nuestro alrededor, se escuchaban las fuertes gotas de lluvia cayendo sin cesar. Volteé a ver a mis espaldas, donde supuestamente estaría la luna, y sonreí aún más al no ver ni una pizca de ella. Esta chica...

—¿Qué puedo decirte, Rosita? —me arriesgué a llamarla por ese apodo que detestaba, esperando por un regaño. Pero nunca llegó; en cambio, solo siguió sonriendo como si hubiera algo alucinante frente a sus ojos —. Mi vida es aburrida.

—No creo que lo sea —me animó y negué lentamente, incapaz de obtener recuerdos de sucesos importantes.

—No logro recordar —dije, algo desanimada e inmediatamente su rostro cambió de ánimo. Su sonrisa desapareció y me miró con tristeza.

No... no me mires así. No quería que te sintieras de esa manera.

》No, no lo malinterpretes. No te pongas así, mejor tú pregúntame —intenté sonreír para que ella hiciera lo mismo y cuando lo logré, solté un largo suspiro.

—No tiene sentido —su sonrisa se esfumó inmediatamente y miré a mi alrededor para estar segura.

—¿Q-Qué? ¿Por qué? Yo ni siquiera sé qué es lo exactamente buscas con esto.

—Conocerte, Lorena. Conocerte.

—Por eso te doy la oportunidad de hacerme preguntas. No tengo ningún problema con eso.

—No es lo mismo, no quiero que te sientas obligada a algo.

—No lo hago.

—Entonces dime...

Inevitablemente TuyaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora