CAPÍTULO 32

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LORENA.

Y en un pestañeo comenzó el fin de semana. El clima, en cambio a los días anteriores, se veía fresco y soleado, como si la naturaleza supiera exactamente que iba a salir con Ivy.

No iba a negar el hecho de que estaba nerviosa, apenas pude dormir bien en la noche por la emoción. Me preocupó el hecho de que Ivy no hizo ni el mínimo intento de contactarse conmigo y yo tampoco lo hice, su actitud los días anteriores fue una completa mierda.

—Paciencia, paciencia... —me repetí a mí misma porque eso era lo único que me hacía falta.

Metí la última prenda en el pequeño bolso que llevaría al viaje y, de repente, escuché un toque en la puerta. Caminé hacia la entrada a paso rápido con la clara ilusión de que era Ivy. Giré la manecilla con cuidado y la abrí, dejando que una enorme sonrisa me iluminara el rostro, pero tan pronto como miré quién se encontraba frente a mí, mis ánimos desaparecieron.

—Iván —pronuncié su nombre con cierta desilusión —. ¿Qué haces aquí? —me asomé desde la puerta pensando que quizás, solo quizás, Ivy se encontraría escondida por algún lugar, pero simplemente terminé con la decepción asentando en mi pecho.

—Vine a visitarte, llevamos muchos días sin vernos y...

Dejé de prestarle atención en cuanto un rostro familiar se asomó desde el costado de la puerta. Sus cortos y ya pálidos mechones rosas se movieron ligeramente por su acción, una pequeña sonrisa se extendió sobre sus fracciones resaltando sus suaves y rosáceas mejillas que me daban la sensación de querer apretárselas y besárselas. Era tan tierna.

—Ivy —su nombre salió de mi boca inconscientemente, tratando de convencerme de que sí era ella.

—¿Quién más va a ser, ah? —respondió en un tono juguetón, rodando los ojos mientras su sonrisa se ensanchaba —. ¿Estás lista? —asentí rápidamente, fascinada por lo que traía puesto. Un corto y refrescante vestido de verano celeste, con pequeños detalles florales que literalmente la hacía ver como una de esas princesas de Disney.

Mi corazón se aceleró y evité su mirada, admirando su fascinante belleza que fue capaz de causar un vuelco en mi interior.

—¿Qué haces tú aquí, Ivy? ¿Van a un lugar y no me invitaron? —la voz de Iván me devolvió a la realidad y mi mirada se encontró con la suya que estaba envuelta en confusión.

—Sí, vamos a salir —afirmó su hermana, observándolo con asco —. ¿Algún problema?

—Últimamente, se han vuelto muy cercanas —replicó Iván, devolviéndome la mirada como si simplemente quisiera escuchar una afirmación de mi parte; algo de lo que ni siquiera sabía en qué lo afectaba a él.

¿Acaso él tenía algún problema de que comenzaba a tener una mejor relación con Ivy?

—Al parecer —respondí, sintiendo la mirada de Rosita sobre mí y volteé a verla sin ninguna expresión alguna. Sus ojos me miraban de una manera que no lograba entender.

Y sin evitarlo, los miré a ambos al  mismo tiempo, mis ojos viajando rápidamente entre Iván e Ivy. Sin duda alguna me di cuenta de un pequeño detalle, ¿por qué ambos parecían mirarme con esa misma chispa en los ojos? Mis ojos se enlazaron con los de cada uno, personas completamente diferentes, pero con rasgos similares me respondieron con una amplia y sincera sonrisa que me hizo dudar de mis propias sensaciones. Finalmente, dejé a un lado a Iván y centré mi atención en Ivy sin decir nada. No lo quería hacer de todas formas, solo quería mirarla a ella una y otra vez.

—Lorena —escuché decir a Iván, sus manos se posaron en las mías, agarrándome. Su toque era casi tímido, pero había una urgencia en su expresión que era inquietante.

Inevitablemente TuyaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora