CAPÍTULO 37

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IVY.

Lo siento.

Mi vista se alzó a la luna desde mi balcón; era la única compañía que tenía a estas horas de la noche. Desde el principio, tuve la sensación de que iba a ser así, pero aún así, tenía la esperanza de al menos escucharte decirme que era especial, hermosa, que valía la pena... ¿Acaso era algo tan difícil?

Quise que entendieras mis sentimientos, pero solo logré hacerte derramar lágrimas por mí.

Ya no sé qué hacer.

En verdad estoy loca por pensar que recibiría una respuesta de la luna, con tal no tengo a nadie. Miré a mi alrededor, todo estaba envuelto en sombras, recordándome que ya era hora de descansar. Encendí mi celular y no me sorprendí al ver la hora; las once y media de noche. Había creído que intentar no dormir me ayudaría a tranquilizar para encontrar posibles soluciones a este problema, a sentirme mejor... eso pensé.

Sin embargo, me quedé en blanco, absorta mientras miraba un punto específico del cielo, perdida en la nada.

Solté un pesado suspiro y volví a entrar a la habitación luego de cerrar la puerta detrás de mí.

¿Ahora qué debo hacer? —hablé en voz alta con la clara idea de recibir una respuesta de alguien, pero obviamente, sabía que no iba a llegar. Estaba sola.

Sin darme cuenta, cada día la quise más y más, y más. Hasta que llegó el momento en el que pensé que tú eras para mí, pero supe que yo no podría ser tuya.

Me diste señales que decidí ignorar, pero no te entiendo, Lorena. Entonces, ¿qué fue lo demás?

En ese momento, escuché el toque de la puerta y dirigí mi mirada hacia ella, llena de sospechas. Ya era demasiado tarde, ¿siquiera era una persona real quien lo estaba haciendo?

Al no responder, escuché nuevamente el toque y retrocedí un paso, sintiendo los nervios apoderarse de mi corazón.

—¿Lorena? —el manubrio de la puerta comenzó a girar y cuando esta se abrió por completo, exhalé todo el aire que había acumulado del temor al ver su figura adormecida —. ¿Sucedió algo? ¿No puedes dormir? —negó lentamente, dando un paso hacia adelante, cerrando la puerta tras de sí.

—Desde que llegamos, todas las noches hemos dormido juntas y hoy me siento extraña por eso. No quise despertarte, pero al parecer, ni siquiera tenías pensado dormir —dijo, sentándose en mi cama sin despegar su mirada de la mía.

《Solo no quería que las cosas fueran más incómodas》Pensé.

—Pensé que con lo que sucedió, necesitarías un tiempo. No quise parecer desesperada.

Aunque sí lo estaba...

Mientras más tiempo pase, más incómodo será. Además, no nos hemos perdido la una a la otra; aún me preocupo por ti.

Asentí, sintiendo el cambio constante que solo ella podía provocar en mi cuerpo, era frustrante. Frustrante estar encerrada en una habitación con tu enamorada y solo no poder hacer nada al respecto.

》Durmamos juntas, ¿te parece? —no dije nada y me recosté en la cama, mirando hacia la pared y  acurrucándome con la sábana.

Sentí el cuerpo de Lorena rozar ligeramente el mío y quedé gélida al sentir sus manos rodearme de la cintura, pegándose a mi espalda.

—¿Sucede algo? —la miré de reojo y en respuesta, recibí que me apretara más contra ella, mientras que su rostro quedó situado en mi sensible cuello.

Inevitablemente TuyaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora