IVY.
¿Por qué siempre hace eso?
Caminé por el pasillo de paredes blancas con sigilo. Mi corazón retumbaba con fuerza, y con cada paso, sentía que el aire se me escapaba de los nervios.
Llevaba un enorme ramo de flores en mis brazos, que era incluso más pesado que mi propio cuerpo. Ella nunca me dijo cuáles eran sus favoritas, así que elegí las que yo pensé que iban a ser las suyas; unas rosas azules, a pesar de que no eran su color natural, tal vez eso marcaría la diferencia.
Los detalles son la forma en que demuestro lo serio que me tomo nuestra relación y mis sentimientos, los cuales espero que los acepte algún día.
Pasé mi mano por mi corto cabello que comenzaba a crecer, mientras que mis mechones rosas se desvanecían lentamente.
Mis pies divagaron y se detuvieron frente a su puerta. Los recuerdos inundaron mi mente, y cómo no hacerlo si dijiste que solo éramos amigas, pero me miras como si fuera la única persona en el mundo de la que te has enamorado.
¿Me vas a decir que eso es casualidad? Por favor, dime que no; eso es necesidad.
Toqué la puerta de su casa silenciosamente, con mis nudillos temblando sin saber por qué. Casi de inmediato, como si estuviera ansiosa por mi llegada, una Lorena sin maquillaje abrió la puerta con una sonrisa en el rostro y deseé poder verla de esa manera por el resto de mis días.
Ella era hermosa, ¿realmente me la merecía? ¿Sería capaz de atraerla solo por mi físico? ¿O no era lo suficientemente bella para ella? ¿Es por esa razón que no le gusto? ¿Debería comenzar a maquillarme más seguido o tal vez vestirme de manera más provocativa para llamar su atención? ¿Qué tengo que hacer para gustarte?
—¿Eso es para mí? —preguntó, señalando el ramo que sostenía con fuerza entre mis manos con vergüenza de que me viera vulnerable.
—Sí —murmuré, sintiendo su intensa mirada sobre mí, esperando que dijera algo más —. No sabía cuáles eran tus favoritas, lo siento —se lo extendí, bajando mi mirada al gran ramo de rosas azules que solo me hacía sentir como una desesperada por su aceptación.
Sentí sus manos sobre mis hombros; me jaló hacia adentro y cerró la puerta, alarmándome. Fue en ese instante en que sentí sus brazos rodear mi cuerpo, aprisionándome contra ella. Mi cabeza quedó en su cuello y su dulce aroma quedó impregnado en mis fosas.
—No tuviste que, muchas gracias —fue lo último que sentí antes de que sus labios rozaran mis mejillas, provocando que mi cuerpo se calentara.
Tragué saliva con dificultad y dejé el ramo en sus manos mientras me alejaba un paso con nuevas mil emociones y sentimientos recorriendo mi cuerpo.
—Te ves hermosa con maquillaje y sin maquillaje —carraspeé, evitando su mirada mientras intentaba escapar de ella a pasos rápidos. Sin embargo, ella fue más ágil y me tomó del brazo, deteniéndome. Volteé a mirarla con una sonrisa de cómplice en el rostro.
—¿Por qué te escondes? ¿Sientes vergüenza? —pareció contener una risilla, lo que me hizo rodar los ojos, pero por dentro, maldición. Por dentro, anhelaba con toda mi alma que me besara en cada rincón del cuerpo y escuchar salir de sus labios que me ama.
Eso ya no iba a poder ser posible.
Con el pecho en mano y sin miedo al dolor, me confesé a ti y recibí solo el frío rechazo. Pero me confundes tanto, ¿por qué? ¿Por qué juegas tanto con mis sentimientos cuando sabes lo que siento?
Mis pensamientos se alejaron y nuevamente tuve un golpe a la realidad: yo en su departamento y ella tomándome de las manos.
—Sí, me da vergüenza —acepté sin rodeos, reconociendo de que no era malo decirle lo que siento de vez en cuando.
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Inevitablemente Tuya
Literatura Feminina¿Y si por accidente te reencuentras con el chico que te botó la maleta en el metro? ☪ Lorena acaba de mudarse a Brooklyn y para su mala suerte se encontró con Iván, el chico que le botó la valija y no paró de mirarla fijamente desde su encuentro. Am...
