EXTRA DAFNE.

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Verano

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Verano.
Dafne.
Recuerdo olvidado.
Seis años atrás.

Me carcajeó con las ocurrencias que tiene Liana, habíamos ido a la playa para broncearnos un poco aunque mi piel decidió irse por el tono rojo que me hacía ver graciosa, aún así eso no fue un impedimento para quedarme con la parte de arriba del traje baño y mi falda deportiva para salir por una bebida.

Ya era tiempo de volver así que caminamos hasta mi casa de verano donde me estaba quedando con mi familia.

— Le mandas besos a tu hermano. —sonríe con coquetería.

— ¡Liana! Mi hermano es horrible. —me asqueo de solo imaginarme a mi amiga siendo mi cuñada.

— En tu perspectiva, pero tu hermano está riquísimo.

Volteo los ojos y nos despedimos cuando me deja en la valla de mi casa, abro la pequeña puerta de madera en color blanco y entró atravesando el jardín que la señora de limpieza se encargaba por tener lleno de colores. Apenas entro me deshago de las sandalias blancas y dejó el vaso del jugo en una esquina de la mesa, cuelgo la bolsa y me recojo el cabello con una pinza antes de avanzar.

Atravieso el pasillo pasando por la puerta de la oficina de papá y con ese simple detalle supe que había alguien más en la casa, podía sentirlo en el aire, en ese pequeño olor de madera que se extendía por aquella casa veraniega, flotaba en el aire con un imperceptible sabor del cuero, y la delicadeza de un clavel, podía sentirlo bajo las plantas descalzas de mis pies, en mis huesos, en mi vientre y mi corazón.

Él estaba ahí. Lo sabía. Tenía como un detector cada vez que estaba cerca de mi, como si algo nos atará y una campana resonará siempre que él estaba cerca.

Inhale profundamente, acariciando los claveles en mi olfato, llenándome de esa fragancia masculina, anhelando con más fuerza al único hombre que podía descontrolar mis sentidos, ansiosa por oler más de ella agarre la perilla fría de la oficina de papá, fingí demencia colocando la mejor expresión inocente que conseguí en mi armario de caretas y abrí la puerta incitandome a dar unos cuantos pasos dentro de la habitación, el silencio se extendió bajo ambas miradas inquisitivas.

Pase saliva con fuerza cuando roce mis orbes con su océano, el vientre se me tenso, un frío penetrante recorrió mi cuerpo erizando mis pezones en el momento.

— Hola, papá. —salude inocente. — Ya volví.

Avise sabiendo que mi padre no se tragaría aquella mentira, cuando estaba acostumbrada a entrar y salir de casa sin decir a dónde iba o con quién.

Soy Daño Colateral. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora