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Olvidar es la solución.
Me acomode en mi asiento, poniendo mis manos en los portabrazos, mis ojos vagaron por toda la sala antes de dirigirse hacia la mujer frente a mí, mi corazón latió con fuerza, solo habían dos cosas a las cuales le tenía miedo.
1-Enfrentar la muerte de un hijo.
2-Hablar con Leto.
La única mujer que ha logrado que una diosa tan antigua como yo, temblara levemente con solo una mirada, después de todo, sus ojos azules son idénticos a los del hombre que he amado.
Leto, la madre del divino Apolo, es una figura fascinante desde mi perspectiva de diosa. Su presencia irradia serenidad y una gracia que solo puede provenir de alguien que ha sido bendecido por los dioses mismos. Observarla es contemplar la manifestación de la maternidad en su forma más pura y poderosa.
Desde mi posición, puede apreciar la fortaleza interior que Leto encarna. A pesar de enfrentar innumerables desafíos y obstáculos, nunca pierde su compostura ni su determinación. Su firmeza frente a la adversidad es admirable y, a menudo, inspiradora para quienes la rodean.
Pero más allá de su fortaleza, hay una ternura infinita en Leto. Sus ojos reflejan un amor incondicional por sus hijos, Apolo y Artemisa, que trasciende los límites del tiempo y el espacio. Cada gesto, cada palabra dirigida a ellos está imbuida de un profundo cariño maternal que solo una diosa podría comprender plenamente.
Su belleza es igualmente impresionante, aunque no en el sentido terrenal. No es solo la perfección física de sus rasgos, sino la luminosidad que emana de su ser. Su presencia ilumina cualquier espacio en el que se encuentre, como si estuviera envuelta en una aureola divina que resplandece con una luz propia.
Pero quizás lo más notable de todo es la humildad de Leto. A pesar de su estatus como madre de dos dioses, nunca se jacta ni busca reconocimiento. Prefiere vivir en la sombra, guiando a sus hijos con sabiduría y amor, sin esperar nada a cambio más que su felicidad y éxito.
En resumen, Leto es mucho más que la madre del Dios Apolo y la Diosa Artemisa; es una fuerza de la naturaleza, una personificación del amor maternal y la sabiduría divina
—Leto—Susurre su nombre saboreandolo en mis labios—Pensé que estabas en Delfos.
—No, mi hijo me necesitaba, y he venido a darle mi apoyo.
No pase por alto el resentimiento en sus palabras.
—¿Qué te trae a mi templo?
—Es una diosa—Comenzó con un brillo peligroso en sus ojos—Nunca le he faltado el respeto a un dios, pero por mi hijo lo haré.
—Continua.
—No se que planea, no se que desea conseguir con todo esto, pero no soportare ver más lágrimas caer por las mejillas del mi Sol, mi hijo no se merece tal trato por parte de usted, Eros y Afrodita.