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Reunión familiar y un divorcio en camino.
—¿Qué haces aquí?
Tome un sorbo de coca cola, ignorando la mirada de Dionisio que rodo los ojos con molestia, tomo asiento en su silla mirándome dar vueltas en la silla giratoria.
—¿Elethea?
—Solo me aburria de estar allá arriba.
—¿Apolo no quiere verte?
Suspire dejando de dar vueltas.
—Si.
Dionisio murmuro algo que no escuche o mejor dicho ignore y seguí dando vueltas en mi asiento, ambos escuchamos un toque en la puerta, me gire para ver quien entro.
Y quise volver a ponerme a llorar.
Meira, irradiaba una inocencia y vitalidad que llenaba cualquier espacio en el que se encontrara. Su cabello rubio como rayos de sol y sus ojos azules claros brillaban con una curiosidad inquisitiva mientras se movía con gracia y confianza, ataviada con la ropa característica del Campamento Mestizo.
Para mí, Meira era más que una simple niña; era un rayo de esperanza en un mundo lleno de desafíos y peligros. Aunque había pasado meses sin verla, mi amor por ella no había disminuido en lo más mínimo. La quería como si fuera mi propia hija, mi vínculo con ella tan fuerte como el lazo de sangre.
Sin embargo, a pesar de mis sentimientos hacia ella, Meira no me reconocía. Sus ojos azules, llenos de vida, no me veían como yo la veía a ella. Para ella, yo era una extraña en su mundo, una presencia desconocida que no despertaba ningún recuerdo ni emoción.
Aunque me dolía en lo más profundo de mi ser, comprendía que era inevitable. Mi ausencia había creado un vacío en su memoria, un espacio donde yo ya no tenía cabida. A pesar de mi deseo ferviente de ser parte de su vida, tenía que aceptar la triste realidad de que, para Meira, yo era simplemente una desconocida.
Aun así, no podía evitar sentir un amor inmenso cada vez que la veía, una mezcla de alegría y tristeza que se entrelazaba en mi corazón. Aunque ella no me reconociera, yo seguiría amándola y protegiéndola, como si fuera mi propia hija, porque en mi corazón, eso es exactamente lo que era.
Mi hija.
Meira miro a Dionisio sonrojándose levemente con vergüenza.
—Perdón, pensé que estaba solo, Señor D.
—No hay problema Meira—Dionisio miro a la niña con algo de dulzura y sonreír levemente—Ella es la hermana mayor de Zeus, La Diosa Elethea, madre de los Héroes, de la pena, el dolor...etc.
Rei levemente, poniéndome de pie acercándome a Meira, sus ojos me miraron con nerviosismo, me puse de cuclillas frente a ella, arreglando mi vestido con delicadeza en el piso.