Tori Rusell, una química cosmetóloga en crecimiento, se entera en la noche de su boda, que su esposo la estaba engañando con su hermana menor, así que huye de la recepción, y en medio de su escape sufre un accidente que la lleva a la casa de un ele...
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— La señora Tori, soy Mac'klein su abogado — el hombre alto y de traje negro entra al lugar, no sé cuanto tiempo he estado aquí, pero estoy cansada, apenas he dormido algunas horas y los interrogatorios cada vez son mas intensos y agotadores, no se que mas quieren que les diga.
Ahora este hombre que no conozco viene y dice que es mi abogado.
— No he llamado a un abogado, lo siento, soy inocente y no tengo que probarlo — le digo con voz cansada al hombre.
— Lo sé, lo sé muy bien, por eso la familia Sokolov me envió — lo miro entrecerrando los ojos.
Dijo la Familia Sokolov, no dijo Artem, y tampoco me llamó por mi nombre de casada, ¿Qué tipo de juegos es este?
— Bien, porque creo que ellos son los que me retienen aquí con falsas acusaciones — le informo.
— No es así, la familia me dijo que estaban al margen de todo lo que sucede y que necesitan que usted esté fuera de este lugar lo antes posible, y según me han informado, es ilegal tenerla cuando no tiene nada que ver con la investigación, no hay pruebas en su contra — dice algo que yo ya sé.
— Pero Artem me acusó de algo que no hice — me defiendo — vaya y pregúntele.
— No sé de lo que habla, lo que si sé, es que estoy terminando el papeleo para que se vaya a su casa — el hombre toca la puerta y lo dejan salir.
Media hora después salgo de ese lugar con el sol golpeándome el rostro, confundida y cansada.
Suspiro la libertad y la amargura de mi realidad.
— ¿Quiere que la lleve a su casa? — me dice el hombre trajeado, y lo miro.
Mi casa
¿Cuál casa?
La de Artem o aún peor, la casa en la cual me mintieron desde que nací.
— Estoy bien, gracias — le respondo aun sabiendo que no tengo donde ir.
— ¿Está segura? no me importa llevarla donde desee — me dice el hombre y entonces veo una figura conocida, Iris.
— Estaré bien — le respondo y sin saber porque, o quizás porque él quiso ayudarme, no se, voy hasta el policía.
— Señora Tori — me dice inclinando la cabeza como un saludo, se que debo oler horrible y verme aún peor — venga, la llevaré donde quiera.
Sin decir palabras lo seguiré hasta un vehículo verde oscuro, muy antiguo pero en buen estado.
— Este es un lindo auto, Iris — le digo mientras entro.
— Gracias, pero mi nombre en realidad no es Iris — lo miró con tristeza.