¿Qué hago?
¿Qué digo?
¿Cómo respiro?
Me sentía atrapada y descubierta como si hubiese hecho algo malísimo cuando lo cierto era que quien había hecho cosas malas era él, no yo.
Perfecto, usaré eso para voltear la tortilla.
—De acuerdo, sí estaba en tu habitación — admití segura de mí misma sin tener sentimiento de culpa. Eso claro que le sorprendió porque lo vi reflejado en su cara —. Al menos en eso no estoy mintiendo, pero la cosa es que tú sí, así que dime... ¿Cuándo piensas explicar que haya visto papeles privados en tu habitación que sólo Reginald puede leer y tener? Y sin mencionar que tenías anotaciones a detalle sobre nosotros como si fueras un maldito psicópata obsesionado con noso....
Espera, ¿Ese sonidito que escucho es una risa? ¿El desquiciado estaba riéndose cuando estaba echándole en cara las cosas de las que lo descubrí?
Bueno, por algo le apodé desquiciado.
Puedo fijarme por primera vez en que un solo hoyuelo se marca a un costado de su mejilla cuando sonríe, dejando a la vista esa dentadura que admito es bastante perfecta. ¿Quién lo diría? Riendo no hay rastro del amargado idiota capaz de crear planes malvados. Incluso se miraba... Un tipo agradable con quien pasarías un buen rato o.. De quien te enamorarías perdidamente.
Mierda, ¿Te has escuchado?
De mi parte únicamente me dediqué a juzgarlo con la mirada totalmente seria cuando él estaba riéndose como si hubiese contado un buen chiste. Aunque ahora que él se reía me entraban ganas de hacer lo mismo, pero no para reírme de risa, sino de preocupación.
Mi cara debió ser todo un poema porque en un instante dejó de reírse como un tarado con problemas mentales y por fin se dignó a explicarme con peras y manzanas porque no estaba entendiendo ni una pij...
—Dios, T/n. Deja de leer libros basura de misterios deprimentes, enserio — él me aconseja, que claramente me viene valiendo y que claramente le asesino con la mirada por criticar a mis buenos gustos de lectura —. Y ya te dije que comprendo que me odies, porque digamos que tampoco eres mi persona favorita en este mundo, pero que llegues a suponer cosas falsas de mí, por segunda vez en realidad, por lo mismo de que no te caigo bien con tan sólo haberme conocido un par de horas... Eso ya es muy infantil.
Ah, ya comprendí. Quiere hacerse el idiota con cosas que vi con mis propios ojos.
—A ver si entendí, desquiciado. Dices que te acuso en falso cuando yo misma vi cosas que me confirman todo lo contrario a lo que tú dices. En ese caso el infantil eres tú por negar cosas en vano sólo porque te sentiste atrapado y quieres desviar el tema para que no se lo cuente a nadie. Pero, ¿Sabes qué? No soy alguien a quien engañas fácilmente. Así que quiero una mejor explicación de lo que hacías o ahora mismo iré a delatarte. Tienes un minuto para hablar.
Cinco negó con la cabeza junto con un suspiro. Luego habló.
—Si no hay mas remedio... Reginald me otorgó la tarea de apoyarlos con su entrenamiento porque... Sin ofender, tus hermanos son unos inútiles en combate, tú misma lo viste. Por lo que tu querido padre no resistió tal humillación y digamos que quiere que los entrene en base a mis experiencias para que así, si es que existe la posibilidad de llegar a ser tan buenos como yo, lo sean. Eso te incluye a ti.
—¿A mí? ¿Para qué? Creo que todos vieron la paliza que te di en el trasero, así que no comprendo el hecho de que piensen que necesito que seas mi maldito profesor.
—De hecho, fue una paliza en la mandíbula pero creo que puedo entender, gracias — su gesto se vuelve vacilante, pero después se transforma en neutral para decir lo siguiente: —. Y sí, te felicité por darme una buena pelea, pero no necesitas entrenamiento específico en eso.
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The Hargreeves
FanfictionUna academia. Una familia disfuncional. Seis raritos con superpoderes. Heroes de la ciudadania. ¿Que podria salir mal con una vida tan perfectamente falsa como la de ellos? Ah, si. Ese nuevo integrante a la academia que por meras coincidencias acab...
