8. Escapadas nocturnas

77 18 6
                                        

Es domingo, y la alarma de misiones no ha estado activa últimamente.

Aquello sólo podría significar algo. Algo que me entusiasmaba mucho y que casi no tenía el privilegio de disfrutar: Día libre.

Bueno, no hasta terminar nuestro respectivo entrenamiento con mi fabuloso entrenador.

Sarcasmo.

Así que la mañana transcurrió como otra cualquiera y repetitiva de mi miserable existencia en estas cuatro paredes de la Academia. Pero, ¡Hey! Podía divertirme por hoy y pensaba aprovecharlo al máximo. Quién sabe cuándo habrá otro día así.

Por eso mismo me obligué a adoptar un mejor ánimo y portarme bien ante mi instructor, a quien he querido mandar a la mierda todas las veces en la última larga y pesada semana que he estado recibiendo sus enseñanzas. Por ahora me ha estado ayudando con el poder con el que vamos muy ligados: la teletransportación. Podrías imaginar que todo fue color rosa y mariposas al tener que pasar horas practicando, pero no, siempre acabábamos en discusiones donde cada uno hacia hasta lo imposible por defender su orgullo e impedir que pisoteáramos el ego del otro.

Era divertido verle la cara de perdedor ante un buen e ingenioso comentario al otro. Me quemaré el orgullo pero ese desquiciado sabía dónde darte para que te doliera. Muchas veces en una de nuestras tantas peleas verbales, mis hermanos se detuvieron disimuladamente para escuchar el chisme mientras fingían hacer sus combates. Me daba cuenta cuando uno hacía el famoso coro de «¡Uhhh, golpe bajo!» Y... Mayormente me lo hacían a mí. Pero cuando yo lograba callarlo, me era sumamente satisfactorio aunque un tanto difícil de lograr. Ese pequeño idiota siempre me barría como basura con un bello y poderoso argumento que no sabía cómo lo hacia pero tenía toda la razón.

Consecuencias de haber leído tu miserable vida en un trozo de papel.

Esta no se la perdonaré al anciano.

En fin, alisé mi falda del uniforme y me até el pelo en una coleta alta para finalmente encaminarme hasta la sala de entrenamientos en el sótano de la Academia. Al pasar por la sala, me vi con la desgracia de presenciar la cercanía de Allison y Luther, quienes estaban sentados en los sofás, con las piernas de la chica sobre el regazo de mi hermano y dedicándose empalagosas palabras que me provocaban un irritable cáncer de oído y vista.

Nunca me consideré una persona fanática de los comentarios cursis ni nada por el estilo. No porque lo detestara, sino porque mi humilde mentalidad se fiaba más de las acciones que de las palabras cursis para demostrar que amas a alguien. Sólo creo que yo demostraría el amor de una forma menos corriente, más real, más original. A mi manera. Y aquella manera era irrevocablemente exclusiva, ya que no cualquier persona tenía la naturaleza de hacerme sentir motivada a hacerlo.

Por eso estás sola, querida.

Pues mejor.

Esa manera con la que esos dos se demostraban amor me provocaba una sensación de querer ahogarme en la tierra o yo que sé. El punto es que me dedico a girarle los ojos y pararme frente a ellos. Estos dan un respingo cuando me ven ahí a unos metros de ellos, juzgándoles con la mirada. Ni siquiera me notaron antes por estar comiéndose las bocas.

—Que sea día libre no significa que puedan comerse ya, aún deben cumplir con su entrenamiento. Dudo que se les haya olvidado, y mas cuando es lo que más necesitan — menciono con las manos en jarras.

—Oh, vamos, T/n — Allison me responde —. Es el único día donde no podemos escondernos, sabes que papá no está en casa, y Pogo y mamá no nos harían drama por esto. Así que, ¿Qué más da? Déjanos aprovechar. Deja de ser una amargada sólo por un día, ¿Quieres? Es por eso que sigues sola.

The HargreevesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora