A decir verdad, nunca creí que una simple ducha me relajara tanto, quizá fue por ello que tardé casi una hora ahí dentro meditando y, simplemente disfrutando que el único ruido fuera el del agua correr y no el de mi mente desastrosa.
Sin duda, la mejor ducha de mi vida.
Sumamente satisfecha y de un mejor humor, salí del baño tarareando una canción tranquilamente cuando en ese momento, ese preciso momento en mi mayor tranquilidad, levanto la mirada y la persona que veo frente a mí me hace caerme casi de culo para atrás. El grito desamparado que solté pudo haber asustado a cualquiera... Claro, excepto a él que, en lugar de disculparse por el mil octogésimo doceavo susto que me provoca, se levanta de mi cama enfadado en cuanto me vio salir.
—¿Se puede saber qué tanto hacías ahí dentro por más de sesenta y seis minutos? — fue lo que escupió casi en mi cara apenas se acercó, inquieto y molesto a partes iguales.
Oh, ni de coña, ¡La molesta aquí debería ser yo!
—¡¿Qué demonios crees que haces aquí, Cinco?! — inconscientemente retrocedí unos pasos y me subí un poco más el borde de mi toalla para taparme mejor, ya que literalmente esto era lo único que cubría mis vergüenzas —. ¿No te enseñaron a tocar?
—Me enseñaron a no desperdiciar el agua en una ducha de una hora, más bien.
—Espera, ¿Llevas contando el tiempo? ¿Desde cuándo te interesa cuánto tiempo tarda la gente en bañarse?
—No tengo algo mejor que hacer para esperarte, la verdad — declaró muy relajado —. Ah, y qué curiosos los besos de labial alrededor del poster de la cara de Evan Peters que tienes por ahí, ¿Eh? — me enseñó la foto besuqueada con una sonrisita irónica.
Casi me ahogo del chillido que contuve al enterarme de la husmeada que se dio por mi habitación. Inmediatamente se la arranqué de las manos y me la guardé dentro de la toalla.
—¡Oye! Eso no se toca, desquiciado, ¿Conoces a caso la palabra privacidad?
—Esa pregunta debí hacértela yo la noche que te encontré husmeando entre mis cosas en mi habitación, pero... — torció los labios —. Cosas de gente educada, ¿No?— se acercó un poco más sin dejar de sonreír triunfante.
Lo miré desafiante a los ojos y fui consciente de las líneas ceniza que se formaban en mis sienes cuando estaba a punto de manifestarse mi poder.
—¿Debo recordarte lo mucho que estás sobrepasando esos dichosos dos metros de distancia, Cinco? — al momento en que lo dije, una vela de decoración por detrás de mí se encendió ferozmente al momento en que pronuncié palabra.
No me sorprendió verlo de nuevo sin intimidarse ni un poco, de hecho, lo presentía pero nada me costaba intentarlo, ¿No?
Cinco se enderezó, pero esa sonrisita arrogante nunca abandonó su rostro, no lo entendí en ese momento pero después vaya que sí. En un parpadeo desapareció de mi vista, y en otro parpadeo, sentí su respiración en mi nuca y después su aliento rozarme el lóbulo de la oreja cuando pronunció:
—Me gustaría seguir este juego tan divertido pero se acaba el tiempo, Hargreeves, y tratar de intimidarme es una absoluta pérdida de tiempo como tú bañándote en una hora cantando canciones de Abel Tesfye
Dejándome paralizada, pasó de mí volviendo al lugar que ocupaba antes frente a mi vista. Como mi propia voz me traicionó al no poder pronunciar palabra alguna, Cinco volvió a mirarme a los ojos con un gesto más relajado.
—Cámbiate, vuelvo en dos minutos para darte tu privacidad. Y... T/n, juro que hablo en serio, si regreso y no estás lista no soy culpable de nada, y — remarcó la última palabra —. Suelo ser muy puntual. Necesito hablarte de algo.
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The Hargreeves
Fiksi PenggemarUna academia. Una familia disfuncional. Seis raritos con superpoderes. Heroes de la ciudadania. ¿Que podria salir mal con una vida tan perfectamente falsa como la de ellos? Ah, si. Ese nuevo integrante a la academia que por meras coincidencias acab...
