Volumen II. 22. Combinación perfecta.

39 6 4
                                        

Margaret llegó más rápido que un rayo, literalmente.

Resulta que ni siquiera el hecho de estar a mitad de una misión con los chicos sería excusa para retrasarse en un momento en el que Liv la necesitaba. Pues apenas escuchó la frase: "Liv enferma", colgó al teléfono después de decir que llegaría lo más rápido que pudiera, porque Liv se encontraba a 40° de temperatura corporal. Una cifra bastante peligrosa si me lo preguntan.

Lo extraño es que ni Cinco ni nadie había notado indicios de problemas con su estado hasta que esta mañana amaneció repentinamente sudando y con fiebre que, al inicio no fue alarmante pero después escaló a los 40° de golpe.

Mientras caminaba de un lado a otro con mis nervios a tope, me detuve un segundo para mirarla.

Ella se encontraba con los ojos cerrados pero consciente, con la cabeza sobre el regazo de Cinco mientras este se aseguraba de intentar bajarle la temperatura con paños húmedos en la frente y ofrecerle agua de vez en cuando.

Y, si puedo agregar, de las pocas veces que he visto a Cinco preocupado a ese nivel han sido solo por su familia, pero ahora en especial ha estado repitiendo más esa emoción por su sobrina.

Y algo que puedo agregar, me consuela que gracias a ella es que Cinco ha recuperado más esa parte "sensible" en la que demuestra abiertamente sus emociones al verse físicamente preocupado por alguien. Sé que sí siente las emociones como todos, incluso podría decir que más. El punto es que no es fanático de demostrarlo y a veces su actitud te hará pensar lo contrario, más yo sé que es un simple mecanismo de defensa.

Me alegra que Liv derrumbe esos muros y lo haga sentir más en confianza con sus propias emociones.

Como dije, la ayuda no tardó casi nada en llegar. Margaret llamó la puerta y Pogo fue quien ya estaba ahí para recibirla, por lo que tardó menos en entrar con un maletín —que desconocía de dónde sacó y tan rápido—.

—¡Liv! ¿Dónde está ella? ¿Qué sucedió? — fue lo primero que pronunció al encontrarse conmigo a mitad del salón. La guié rápido a la sala donde estaba reposando y siendo supervisada por Cinco, donde de inmediato le ordenó cargarla hasta la enfermería de la Academia para atenderla ahí. La misma donde muchas veces Reginald nos atendió cuando éramos niños

Casi iba a preguntarle por qué no mejor la llevábamos a un hospital real porque ese nivel de temperatura no es cosa común y menos para su edad, pero pronto hice clic y me respondí a mí misma: ¿Qué iban a poder hacer los doctores con una niña especial? ¿Con, posiblemente, un sistema diferente al de la mayoría de las personas?

Ella no era normal, no somos normales. Los doctores no tienen conocimiento sobre nosotros como los tiene Margaret, porque hasta la fiebre que tiene no es normal ni mucho menos las quemaduras, que aparecieron de un día para otro y aparentemente sin un motivo que lo haya desencadenado. No que yo sepa. Porque nos hemos asegurado de alimentarla lo más sano posible —eso porque nos gusta mucho cocinar postres juntas—, hecho ejercicio a pesar de que no salimos, estudiado, aprendiendo tanto cosas que deberían saber los niños de su edad como cosas que debería saber alguien de su especie. En general, tratando de llevarla lo más sano posible, y yo sé que no hemos fallado en eso.

Asi que... ¿Qué pudo haber pasado?

No consigo formular ni una sola respuesta para mí misma.

Ahora estaba sentada afuera de la enfermería, sumergida en estas inquietudes y miedos pero tratando de convencerme de que no debía preocuparme por nada estando Margaret a cargo de la situación. Realmente es una mujer muy sabia, casi tan sabia como Reginald, solo que sin esa malvada intención detrás de sus acciones.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Jan 11 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

The HargreevesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora