Volumen II. 17. Agridulce reencuentro

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Mini maratón 3/3

T/n

La fábrica era enorme, húmeda y hasta tétrica con esta oscuridad. No sabía si íbamos a poder  encontrarla dentro de todos estos pasillos, pero gracias al llanto de Liv, pudimos acercarnos más y más.

Aunque sí, estaba preocupada. No sabía qué la tenía llorando tanto y me causaba ansiedad imaginar el motivo. Si yo estaba así de tensa, no quería imaginarme a Cinco.

Él, de hecho, dirigía el rumbo de la búsqueda, poniendo atención al ruido y dirigiéndose a las puertas y pasillos que parecían acercarnos a ello.

En realidad estaba tenso. Con solo mirar su espalda podía darme una mínima idea de las emociones que podían estar controlando su mente. Y también me preocupé por él.

—Cinco... Estarán bien. Sé que lo están. Los encontraremos y dentro de pronto todos estaremos juntos. Lo prometo.

En realidad, yo también tenía mis dudas. Y aunque hice un esfuerzo por que no se me notara en la voz, Cinco relentizó el paso y volteó un poco la cabeza hacia mi, dejándome ver a penas su nariz desde mi posición detrás de él. Pero nada más y no lo culpaba por no responderme. Entendía que este era un momento sumamente complicado como para tener la cabeza en algo más que no fuera el bienestar de su familia.

Luego de cruzar un poco más de puertas, escaleras y habitaciones —donde terminamos llegando a un cuarto piso— el sonido del llanto ahora era mucho más claro que al inicio.

Eso significaba que estábamos cerca. Muy cerca.

—Liv... ¡Liv! — Cinco la llamó, desesperado, y cuando cruzamos la última puerta por donde se colaba un poco de luz amarilla, supimos que los habíamos encontrado.

Cinco casi tumba la puerta del portazo que dio para abrirla, y tal como creí lo primero que vimos fue a una pequeña niña de pelo castaño a la altura de su espalda, su tez trigueña y ojos marrones cubiertos de lágrimas fueron lo primero que nos recibió al entrar ahí.

Ella estaba sentada abrazando sus propias rodillas cuando nos notó llegar. Seguía sollozando. Su vestido beige con medias estaba arañado y su mirada asustada y alerta indicaba que estuvo presenciando momentos difíciles ella sola.

—¡Liv!

Cinco apenas la miró, supo de alguna forma que ella era su sobrina. Era la primera vez que la veía y de todas formas le sobraron dudas para saber que ella era su familia.

Lo seguí por detrás, sintiendo ese aliento de alivio al ver a la infante sana y salva. Estaba aterrorizada y llorando, pero físicamente parecía estar bien.

—¡No!

De repente gritó y se arrastró hacia atrás con temor por la manera en que Cinco se le acercó tan de prisa, que quedó quieto a mitad de camino viendo cómo Liv lo rechazaba de esa manera. Como si desconfiara de todos...

Oh, querida...

Pero claro, era de esperar. Ella no nos conoce aún y después del secuestro es entendible que sienta esa desconfianza.

Por eso, el pelinegro se encargó de hacerle ver que nosotros éramos los buenos, su familia y que íbamos a ayudarla.

—Yo... Sé que soy como un extraño para tí... — empezó con el tono más suave y calmado que pudo reunir —. Pero... Te aseguro que no es así. Soy tu tío, y vine desde muy lejos para ayudarte a tí y a tus padres. Ustedes me importan, y mucho.

The HargreevesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora