Me sentía como en una película de detectives.
Seguía a Cinco con una diferencia de al menos diez metros, y cada que él se volteaba como si sintiera que alguien lo seguía, rápidamente me escondía detrás de un auto o un contenedor de basura. Había veces en las que no había nada donde pudiera esconderme y tenía que darme la vuelta y fingir caminar como una persona normal.
En cierto modo me pareció ridículo, pero logró funcionar cuando nunca me descubrió y pude seguirlo hasta la cafetería Griddy's Doughnuts de la ciudad. Curiosamente mi sitio favorito para alejarme un minuto del mundo al que pertenecía con una buena dona y un café. Y claro, los buenos chismes de Agnes, la cocinera.
Dudé un poco -escondida detrás de un auto- de si entrar o no. A lo mejor sólo quería darse una escapada de la rutina como yo y mis hermanos habíamos hecho muchas veces...
Tras unos minutos analizando las opciones, me decidí finalmente por entrar. Me estaba congelando aquí afuera que no pensaba esperarlo ni tampoco regresarme porque no podría conciliar el sueño con el pendiente de qué habrá estado haciendo este chico.
Antes de escabullirme hasta allá, me aseguré de esconder perfectamente un mechón de pelo sobresaliente metiéndolo de nuevo en mi capucha para ocultar mi identidad de la mejor manera posible. Metí las manos en mis bolsillos, agaché un poco la cabeza y me adentré finalmente al restaurante. La campanita en la puerta que anunciaba un nuevo cliente resonó más fuerte de lo que me agradaría por toda la estancia aparentemente vacía. Agnes, la mujer de sesenta años y mandil rosa estaba tomándole el pedido a Cinco con su libretita en mano, pero tuvieron que girarse a mirarme en cuanto se oyó la campanita que anunciaba mi llegada.
Casi me puse roja de la vergüenza y miedo a que me descubrieran, pero lejos de irme corriendo, apreté los labios y agaché un poco más la cabeza, sentándome en un taburete a tres de lejanía con Cinco.
Era consciente de que este último me miraba expectante, con curiosidad y hasta con un aire de: «¿Y esta loca quién es y por qué está toda tapada? ¿Vendrá a asaltar?»
Traté de ignorar eso cuando Agnes terminó de escribir el pedido de Cinco, un café negro al parecer, y se dirigió hasta mí con una sonrisa.
-¿Y a la chica? ¿Qué puedo ofrecerle? - me preguntó con su gentil ánimo de siempre.
¿Tan obvio era que me veía como una chica?
Sudé por dentro. Tenía que fingir otra voz o la cagaría por completo.
Me aclaré la garganta.
-La chica quiere un tradicional. Con leche, por favor.
Lo solté sin pensarlo, no supe con certeza si escuché un sorbito gracioso al café por parte de Cinco al escucharme hablar en tercera persona o por pedir un simple café con leche. Seguramente era por la última opción.
Es que, ¿A quién no le gustaría un buen café con leche por las noches?
-Claro, ahora mismo se lo traigo - dijo antes de desaparecer por la puerta de la cocina.
Se creó un silencio espantoso que sentí una gota de sudor correrme en la sien a la vez que tragaba saliva y fingía jugar con una servilleta. Trataba con todas mis fuerzas no mostrar mi nerviosismo. Pero joder, no ayudaba el hecho de sentir una mirada clavada sobre mí, y como no había nadie más además de Cinco, mi mente sólo asimilaba que, por lógica, se trataba de él.
Hasta que, en un arranque de no poder más con los nervios, me giré de golpe hacia él. Tal como creí estaba observándome fijamente, tanteando la taza con sus dedos.
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The Hargreeves
FanficUna academia. Una familia disfuncional. Seis raritos con superpoderes. Heroes de la ciudadania. ¿Que podria salir mal con una vida tan perfectamente falsa como la de ellos? Ah, si. Ese nuevo integrante a la academia que por meras coincidencias acab...
