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Vicente.

Estos días estaban siendo malos, sentía que me ahogaba en mis pensamientos y aunque trataba de no hacerlo, lo sentía imposible.

Sobre todo desde ese día, cuando sin querer escuché a la tía hablar con mi mamá.

Días atrás.

Me encontraba jugando play con el Nico en la pieza, hasta que me dio sed y baje al primer piso, hacia la cocina, pero antes entrar a esta y a voces me detuvieron.

—Por fin me puedo comunicar contigo —sonaba algo sería la tía.

Hubo unos segundos de silencio.

—Si... lo siento, he estado ocupada —esa... esa era la voz de mi mamá, algo en mi deseo entrar a la cocina y hablar con ella, pero el otro lado, el molesto, el decepcionado no lo necesitaba—. Supongo que si estás llamando es porque el Vicente ya te contó.

—Adivinaste.

—Yo... Susana ha sido difícil, disculpa.

—Me lo imaginó, pero... ¿Era necesario dejarlo solo?

—Necesitaba salir de ahí...

—Pero pudiste haberte ido con el Lorena —la voz de la tía era molesta pero también tajante.

—No necesito que me juzgues por lo que hice —se escucho silencio—. Necesito que me entiendas.

—Créeme trato de hacerlo, pero... ¿Quien lo entiende a él? El también la estaba y lo está pasando mal.

—Dime... ¿tú no hubieras hecho lo mismo por tus hijos? —ahora mi mamá sonaba alterada.

—No créeme que no, hubiera buscado otras opciones y tú perfectamente sabes que las tenías —sonaba cada vez enojada—. Siempre te di mi apoyo Lorena, ya sea como amiga o como la mamá del amigo de tu hijo.

—Es fácil decirlo. Tú no sabes lo que era vivir ahí.

—Se que era un calvario en esa casa, lo tengo más que claro. ¿Pero tenías que dejarlo a su suerte?

—Susana...

—No escúchame... ¿Creíste que si te ibas acaba todo? Bueno te digo que puede que para a ti acabo, ¿pero para el? No, para el fue el inicio de una tormenta.

—No me digas que...

—Si Lorena, yo no sabía hasta hace poco, hasta que llegó un día a mi casa todo golpeado —apenas escuché eso, los recuerdos vinieron a mi mente, haciendo que un escalofrío recorriera mi cuerpo.

La voz de mi mamá no sonó por un momento.

—Trato de no juzgarte Lorena, trato de hacerlo, porque vivir eso es terrible y lo lamento mucho, créeme no estaría tan a la defensiva si no viera al Vicente tan mal —la voz la tía estaba más calmada—. Físicamente está bien, no permitiré que el vuelva a ponerle una mano encima, pero yo sé que en su cabeza pasan miles de ideas y lo atormentan pensamientos. Solo es un niño Lore, para mi sigue siendo ese niño de 5 años y verlo así me duele, me duele ver que el brillo tan lindo que había en sus ojos y esa alegría que el tiene se va apagando poco a poco.

Se escuchó unos sollozos y supe que eran de mi mamá. Por mi parte algunas lágrimas habían comenzado a caer, pero no porque mi mamá estuviera llorando, si no porque, tenía que haber otra persona que la tuviera que hacer recapacitar, que la hiciera ver que yo no estaba bien.

Trate de darme vuelta para subir otra vez a la pieza, pero choque con la mesa. Me putee mentalmente.

—Tengo que irme, espero que pienses que lo que acabo de mencionar —escuché decir a la tía, para después sentir sus pasó cerca de mi.

Me gusta un ahueonao Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora