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Vicente.

Era viernes y ya habíamos salido del liceo. El Nicolás me había dicho que si iría a la casa de la Martina un rato, así que yo me vine con la Flo a la casa. Cuando llegamos nos encontramos a la tía, quien nos estaba esperando con el almuerzo y después de compartir un rato con ella. Cada uno volvió a lo suyo, la Tía tenía que revisar unas cosas de su trabajo, así que con la Flo subimos.

—¿Veamos una película? —le pregunté una vez que llegamos arriba.

Esta me miró unos segundos.

—Ya pero en tu pieza, porque la mía está para la caga.

—Como siempre —solté divertido y solo me gane una mala mirada por parte de ella.

Vi como dejo su mochila rápidamente en su pieza y me siguió a la mía.

—Pero Vicente, te aviso, no veremos una de miedo —la escuché decir detrás de mientras abría la puerta de la pieza.

—¿Pero porque no? —la mire.

—Porque me dan miedo po —ironizó.

—Pero si no pasa nada malo Flo —cerré la puerta y tire la mochila por ahi.

La vi sentarse en la cama mientras tomaba el control remoto.

—¿Como que no? Yo después sueño con esas hueas.

—Bueno si es así, te voy hacer compañía en la noche —sonreí divertido una vez que me senté a su lado—. Y si ahora te da mucho miedo, yo te abrazo.

La Flo estaba concentrada en la tele pero al escucharme hablar me miró seria.

—Aprovechador.

Solté una risa.

—¿Aprovechador yo? De lo más bien que te gusta que vaya en la noche a tu pieza.

Se cruzó de brazos.

—Mentira.

—¿Que es mentira? —me reí—. ¿Y quien es la que me manda mensajes para que le vaya hacer compañía porque tiene frío?

—Otra será —corrió la mirada divertida.

Apoyé la espalda en una almohada.

—Ah si, creo que si, perdón me confundí —la moleste y no se demoró ni un segundo en volver la mirada.

—¿Ah si? —levantó una ceja.

—Tu misma dijiste —me reí.

—Pero tu me seguiste el juego —hablo y me acerqué a ella.

—Pero Flo —me reí.

—A ti te gusta hacerme enojar —me miro mal.

Con una mano agarre su mejilla y la acerqué a mi.

—Porque me gusta verte enojada —sonreí y ella solo rodeó los ojos—. ¿Ahora vas admitir que tú me mandas los mensajes en el noche?

—Pero si sabes que es asi.

—Pero te quiero escuchar a ti decirlo.

La vi quejarse.

—Si Vicente, yo te hablo que vayas en la noche —miro la tele otra vez—. ¿Feliz?

Coloque mis manos detrás de la cabeza y me estire relajado.

—Satisfecho —sonreí.

Después de que buscáramos mil películas terminamos viendo una miedo. Y aunque al principio la Flo no quería, termino accediendo. Aunque en cada momento que asustaban se apretujaba más hacia mi y bueno... por mi parte no me quejaba.

Me gusta un ahueonao Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora