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Florencia.

Había sido un día difícil, sobre todo para el Vicente. Nadie se esperaba la llegada de su mamá y sabía que menos el, cuando ambos escuchamos la voz, la cara de el era inexplicable.

Y aunque después de ese momento le mostré mi apoyo, dándole a entender que estaba para el. También lo conocía y sabia que cuando estaba mal le gustaba aislarse, así que cuando me pidió que necesitaba estar solo, no me negué.

Había estado unas dos horas solo, hasta que llegó el Nicolás y supuse que estaban juntos. No quería molestarlos, sabía lo importante que era el apoyo del Nico para el.

Así que ahora estaba con mi mamá en la mesa tomándonos un té, mientras ella miraba algo en el computador. Mi vista estaba en la taza llena de té, mientras en mi cabeza solo estaba el Vicente.

Ay mi Vicente, no sabes cuando desearía quitarte todo ese dolor.

—Flo —escuché la voz de mi mamá y levante rápidamente la vista.

—¿Ah?

La vi acomodarse los lentes antes de volver hablar.

—¿Crees que aún está con el Nico? —miró hacia las escaleras.

—Lo más probable.

Hubo un silencio entre ambas, pero no duró mucho.

—¿Cómo lo viste tu Flo? ¿Tú estabas con el cuando la vio?

—Si... veníamos llegando del liceo y antes de entrar apareció —volví mi mirada a la taza de té—. Y estaba mal, lo noté en sus ojos... y para que decirte, no quería nada con ella.

La escuché suspirar.

—No es para menos —hizo una mueca—. La llamaré más tarde para hablar con ella.

No quería decir nada porque no me quería meter, pero ya era tarde.

—Está bien, pero no le hagas ilusiones de que va poder hablar con el Vicente mamá, porque en estos momentos lo que menos quiere el es eso —la mire—. Hay que esperar hasta que el decidía cuál será el momento correcto.

—Tranquila, si lo se... Tu papá me dijo lo mismo hace unos meses cuando ella llamó, porque quería hablar con el —suspiro—. No podemos obligarlo.

—No... —susurré.

Sentí la mirada de mi mamá sobre mi y eso me cohibió un poco.

—Flo, tienes que estar tranquila, el estará bien como siempre lo ha estado. El Vicente es un niño fuerte mi amor —me trato de sonreír—. Aunque aún así hay que demostrarle nuestro apoyo y amor a él.

Lo último lo dijo con esa sonrisa que yo bien conocía y comencé a sospechar si esta señora ya nos había cachado.

—No tienes porque seguir mintiéndome Flo —trato de parecer sería pero seguía con esa sonrisa.

Trate de hacerme la desentendida.

—Yo no te he mentido...

—Florencia —me miró serio esta vez y me dio miedo.

—Bueno, bueno... pero no mentí, solo... solo te oculté información —asentí con la cabeza mientras me cruce de brazos.

La vi rodear sus ojos.

—Florencia es lo mismo —ahora ella se cruzó de brazos.

—Ayy mamá —me queje.

—¿Pero que tiene? No hay nada de malo que se gusten —me miro divertida.

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