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Vicente

Los días pasaban y salir de cuarto estaba la vuelta de la esquina. Ya había llegado noviembre y exactamente quedaban una semana y media para irnos.

Y aunque muchas etapas iban a cerrarse, sentía que algo en mi no me dejaba tranquilo y eso solo era una sola. Mi mamá.

Ya lo había llevado tiempo pensando, me daría la oportunidad de hablar con ella, de darle ese momento y después de evitarlo por un periodo sabía que era la ocasión.

Iba camino a una cafetería donde nos pusimos de acuerdo para vernos, mentiría si les dijera que no me sentía nervioso, porque si lo estaba.

Sentía como si estuviera apunto de ir a juntarme con alguien que no conozco, porque a veces sentía eso, que ya no conocía a mi mamá. El hecho de haber pasado tanto tiempo separados me hizo olvidar un poco como salía ser ella, su rutina, su manera de ser. Sentía que había bloqueado cualquier tipo de recuerdo hacia ella y lo odiaba.

Mire a lo lejos la cafetería y dudé en ese momento si era buena idea haber venido, no me sentía preparado.

Nunca lo estaría.

Tragué y caminé hacia el lugar. Sabía que debía hacerlo, no podía vivir con todo este sentimiento encima.

Una vez estuve afuera de esta me arme de valor y entré, busqué con la mirada a mi mamá hasta que la encontré. Cuando me vio acercarme se levantó de inmediato y me dio una sonrisa.

—Vicentito... Hola... —sonaba nerviosa, noté como me miró detenidamente.

—Hola —mencioné neutro.

Ambos nos sentamos, sentía su mirada sobre mi y eso me hizo sentirme algo incómodo.

—¿Quieres algo?

Por un instante pensé en negarme de inmediato, pero una parte de mi no quería ser tan pesado.

—Eh... está bien, un jugo podría ser —mi mamá asintió de inmediato y llamó al mesero. Después de pedirlo nos mantuvimos en silencio, hasta que llegaron las cosas que cada uno pidió.

Ni siquiera quería tomar jugo, pero los nervios me consumían y no sabía que hacer, así que tomé el vaso y lo acerqué hacia mi.

—¿Cómo has estado? —buena pregunta.

Si, bien.

—¿Y el liceo? ¿Todo bien?

Asentí, no podría decir que me va excelente, pero había logrado subir todas esas malas notas que tenía.

—Si todo bien, ya tengo casi todo listo para salir.

Me dio media sonrisa.

—Me alegro hijo.

Y volvió ese silencio entre ambos, era como si estuviera con alguien que no conociera.

—No le daré más vuelta al asunto... —me miró nerviosa—. Primero que todo yo quiero pedirte perdón hijo... perdóname por haberte dejado solo. Jamás... jamás que creí que tu papá iba hacer capaz de hacerte daño.

Papá.

Esa palabra ahora sonaba tan vacía, nadie ocupaba ese lugar ahora para mi.

Me quedé en silencio, no sabía que decir.

—Se que nada de lo que haga o diga cambiará el hecho de que te deje solo, tampoco me puedo justificar, porque debí quedarme a tu lado a pesar de todo Vicente y no lo hice... —hubo un silencio—. Y me arrepiento todos los días Vicente, te lo juro.

Me gusta un ahueonao Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora