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Florencia

El Vicente había estado decaído estos últimos días, bueno, desde que habló con su mamá. Estaba más callado de lo normal y mantenía un semblante serio.

Había intentando hacer un par de cosas por el, pero sabía que no eran suficiente.

Ahora me limitaba viéndolo desde mi puesto, mientras este miraba hacia cualquier otro lado. Era nuestro último día en el liceo y casi todos habían estado huebiando, ahora se encontraban rayándose las poleras.

Lo miré dudosa y tomé el plumón que estaba en mi mesa, y me acerqué a la suya. Ni siquiera noto cuando llegué ahí, así que hablé suavemente.

—¿Me daría el placer de rayarle la polera caballero? —bromee.

Inmediatamente giró su cabeza hacia mi y parecía confundido, hasta que notó que era yo y suavizó su rostro.

—¿Qué me decías?

Le hice una mueca y tome asiento en el puesto que se encontraba a su lado, el del Nico.

Lo más probable es que si me hubiera visto, de una pura patada ya me habría sacado de ahí.

—Decía si... podía rayarte la polera.

Este miró su polera y luego a mi.

—Obvio, dale —me sonrió.

Abrí el plumón y me acerqué lentamente hacia su polera, busqué con la mirada un lugar libre, ya que tenía algún que otro rayón del Nico o sus amigos.

—Te estás demorando mucho —lo escuché molestarme.

Rodé los ojos y lo miré molesta.

—Si me molestas no haré nada.

Soltó una risa divertida.

—Esta bien oh, enojona.

Me acerqué a un lugar y me preparé para escribir. La verdad ni siquiera sabía que escribir, cuando me acerqué a él solo utilice esa excusa, aunque solamente quería estar cerca de él. Pero después de unos segundos a mi mente vino algo.

Lo escribí rápidamente y me alejé de él.

Este me miró algo desconfiado.

—Espero que no hayas puesto algo malo.

Levante los hombros con cierta indiferencia.

—Solo tienes que verlo.

Este me dio una última mirada y puso su vista en donde había escrito hace unos minutos. Lo miré mientras observaba lo escrito por unos segundos, hasta que levantó la vista hacia mi otra vez y tenia una sonrisa.

—Me alegra saberlo, aunque me ofende lo de ahueonao —me miró divertido.

Solté una risa y coloqué mi vista en lo escrito.

"Me gusta un ahueonao."

Era cierto, al inicio pensaba eso, que había comenzado a gustar un completo ahueonao. Muchas veces me cuestioné. ¿Cómo era posible que me comenzara a gustar al Vicente si éramos tan diferentes? ¿Si nos odiábamos tanto?

Y eran cosas que aún no comprendía, pero lo único que sí sabía en estos momentos. Que no me arrepentía de absolutamente nada.

—Me toca —mencionó mientras me quitaba el plumón de las manos.

Lo miré insegura un instante.

—Se que escribirás algo que me hará enojar y por el bien tuyo, mejor no —me crucé de brazos.

Me gusta un ahueonao Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora