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Vicente.

Si pensaba que decirle al Nicolás sería fácil, estaba muy equivocado. Desde que me
desperté para ir al liceo he pensando mil maneras en cómo decírselo y aún no se cual es la correcta.

Y creo que esa era una de las razones por la que también me estaba mostrando distante hacia el. Es que sentía que me conocía muy bien y que se daría cuenta en cualquier momento de que le quiero contar algo.

Una vez que terminaron las clases lo escuché decirme que se iría con la Martina y que en la tarde llegaría a la casa. Así que me iría solo o bueno, eso creía.

Una carita llena de pecas, con ojos azules profundo apareció frente a mi, con esa sonrisa tan linda.

—¿Nos vamos juntos?

La mire unos cortos segundos.

—Eso no se pregunta —le sonreí y ni siquiera me importo si alguien nos estaba viendo, y le agarre la mano.

El camino fue algo silencioso, pero me daba paz. Me daba tranquilidad ir de la mano, sentir su pequeña mano tomada de la mía.

Creo que esto es lo que siempre quise.

Sus ojitos los cuales estaban pendiente al frente, ahora me miraban a mi.

—Hoy día estabas menos cotorriento de lo normal en clases.

La mire divertido.

—¿Me estabas mirando? —sonrei burlesco y sabía que se enojaría, y no me importo, porque eso quería.

—Solo una vez.

—¿Seguraaaaa? —la moleste.

—Si Vicente.

—Mmm... no te creo, porque te vi varias veces mirando señorita.

—Ja... tú juras —la mire y se había enojado.

Solté una risa.

—Enojona.

—Tu po, que me molestas.

—¿Yo? —la mire indignado.

—Si... siempre me molestas.

Solté una risa y me puse frente a ella, tomando sus mejillas.

—Es que te enojas tan fácilmente y me gusta verte enojada —sonreí divertido, aunque a ella no le hizo mucha gracia.

—Estupido.

—De lo más bien que te gusta este estupido —me acerqué más a ella, para juntar nuestros labios.

El beso duró unos segundos y fue algo tranquilo, y lindo. Una vez me separé de ella la mire a los ojos mientras acariciaba su mejilla. Ella me regaló una sonrisa y noté como sus ojitos se achinaban, mientras se me formaban margaritas a cada lado de su mejilla.

Para mi era perfecta... era el momento perfecto o... bueno eso pensaba yo.

—Vicente —escuché hablar detrás de mi y ni siquiera fue necesario darme vuelta para saber de quien se trataba. Conocía muy esa voz, más de lo que quisiera.

Sentí mi cuerpo congelarse un momento y solo podía mirar a la Flo frente a mi, quien se encontraba mirando sobre mi hombro algo sorprendida.

—Hijo —volvió a sonar esa voz.

—Vicente —susurró frente a mi la Flo, mientras me miraba preocupada.

Y aunque no quería girarme, lo hice y me encontré con ella. Con mi mamá.

Me gusta un ahueonao Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora