Florencia.
Habían pasado unos días desde que el Nicolás descubrió todo y desde ese entonces ha estado evitándonos a los dos, daba lo mismo por lo que quisiéramos hablarle, el simplemente lo ignoraba.
Y para más remate se había enojado con casi todo el mundo, contando mi mamá y la Martina, y digo casi, porque mi papá con suerte sabía, el le dijo a mi mamá que lo sospechaba pero no tenía idea, aunque no le tomó mucha importancia. No como otros hueones.
Así que ahora el Nicolás evitaba a todo el mundo, comía callado y una vez que terminaba se iba a su pieza, y se encerraba ahí. El Vicente trató de hablar varias veces con el, pero no conseguía mucho y sabía que eso lo hacía sentirse bajoneado. Le había dicho un par de veces que lo mejor era dejarlo solo, que era entendible que estuviera molesto y ya no había nada más que hacer, si ya nos habíamos disculpado.
Yo no sé qué quiere ¿que nos arrodillemos a pedirle perdón?
Porque créanme, jamás pasará.
Y bueno, no piensen que soy una hueona insensible, también me afectaba que el Nico estuviera enojado, pero yo ya no podía hacer nada más, que darle su espacio.
Ahora me encontraba ayudando a mi mamá a colocar la mesa para almorzar, hasta que el sonido de alguien bajando las escaleras me hizo levantar la vista de la mesa. Era el Vicente.
Nuestras miradas se encontraron y me sonrió.
—¿Te ayudo?
No les mentiré, todo esto si había afectado un poco en lo que teníamos. Comenzamos a tener distancia entre ambos y no es como si lo hubiéramos hablado, si no como que cada uno sabía qué tal vez sería lo mejor. No queríamos andar por la casa riéndonos de cualquier cosa mientras el Nico andaba enojado. Y eso también incluida, no más visitas en las noches o rato en el patio mientras el fumaba.
Y si, me estaba matando.
—Dale —respondí con una sonrisa.
Vi como entro a la cocina y salió rápidamente con unos vasos. Ambos estábamos en silencio haciendo lo suyo, hasta que chocamos sin querer.
Lo mire rápidamente y lo escuché soltar una risita.
—Yo se que extrañas estar cerca mío, pero no es necesario que choques conmigo —dijo divertido.
Yo rodeé los ojos.
—Ridiculo —solté una risita.
Me quedo mirando unos segundos con una sonrisa.
—Pero que escena más bonita. ¿Estoy presenciando la primera cita o ya es como la quinta? —escuché la voz irónica de mi hermano detrás de nosotros.
Ambos nos giramos encontrándonos con el Nico cruzado de brazos.
—Nicolás no empieces, ya sabemos que estai enojado, pero...
Me interrumpió con una sonrisa falsa.
—¿Enojado? ¿Porque lo estaría? En cambio —hizo una pausa—. Estoy feliz, o sea... ¿Quien no lo estaría después de ver como tú hermana se come a tu mejor amigo?
Suspire.
Señor dame paciencia.
Bueno consideremos esto un avance, paso de no evitarnos, a hablarnos con sarcasmo.
—Nico... se que no fue la mejor manera en la que supiste de esto, créeme aún no se que hacer para que me perdones —hizo una pausa el Vicente—. Solo quiero que sepas que estaba buscando el momento adecuado para decírtelo.
Vi como levantó la ceja y sabía que diría algo con sarcasmo otra vez.
—¿Ah si? ¿Y eso iba ser después o antes que los pillara culia...
—Nicolas Alexis Torres —la voz molesta de mi mamá se hizo presente—. Con esto ya te pasaste. Se que puedes estar enojado con tu hermana y el Vicente, pero tampoco esperes que se anden humillando por tu perdón. Si se que se equivocaron, debieron haber sido claros y sinceros contigo desde el principio. Pero no puedes estar restregándoles el error cada vez que puedes.
—Claro para ti es fácil decirlo —miro a mi mamá—. Como tú sabias y no te ocultaron nada.
—No estoy diciendo que es fácil Nicolas, solo que no seas tan injustos con ellos. Aceptaron el error, se disculparon contigo. ¿Que más quieres que hagan? —lo miro ahora un poco más calmada y a la vez compresiva—. Tampoco puedes obligarnos a no estar juntos, uno no controla los sentimientos y tú lo sabes muy bien.
Este se quedó callado un momento.
—No tengo hambre —hablo rápidamente y subió las escaleras.
Escuché a mi mamá soltar un suspiro.
—Diosito dame paciencia —dijo suavecito.
—Tía de verdad yo no sé qué más hacer, me acerco a él para hablar me aleja, me disculpo me aleja...
—Yo lo sé... creo que lo mejor es dejarlo no más, que piense bien las cosas, que las procese y cuando el quiera las hablara —los miro a los dos—. Pero que lo vuelva a escuchar decir una huea como esa, porque las verá.
Lo último lo dijo enojada y volvió a la cocina.
Yo me senté en una de las sillas y me puse una mano por la cara frustrada.
—Me estaba sacando de quicio, lo juro Vicente.
Lo escuché correr la silla que estaba a un lado.
—Yo lo sé... —se sentó—. Te mentiría si a mi no, pero supongo qué hay que... ¿dejarlo? Bueno, hasta que se le pase.
—Ojalá eso sea luego, porque mi paciencia se agota y mis ganas de tirarlo por las escaleras aumentan.
Lo escuché soltar una risa.
—Ojalá no sea necesario —se rió, aunque se quedó un minuto en silencio mientras me miraba—. ¿Flo?
—Dime.
—Nosotros... ¿Estamos bien... cierto? —preguntó algo dudoso, pude notar en sus ojos un poco la inseguridad.
—Obvio, por mi parte si, yo solo pensé que... estábamos tomando un poco de distancia por todo esto, para que el Nico tampoco los viera tan cerca, hasta que se le quitara la huea —explique.
Vi que por un momento sus ojos se relajaron.
—Yo también pensaba lo mismo, solo que quería asegurarme —hizo una pausa y tomó una de mis manos—. Yo quiero que sepas que por más que quiera arreglar todo esto con el Nico, no haré lo que me pide de alejarme de ti Flo. Porque de verdad quiero ver a donde nos lleva esto, porque quiero estar contigo.
Y no pude evitar sonreír.
—Yo igual Vicente, no tengas duda de eso.
Me sonrió más relajado.
—¿Que te parece si hacemos algo para distraernos de esto? —me pregunto.
Lo mire dudosa.
—¿Algo como que?
—Mmm... no se, podríamos salir e ir al cine y después por sus completos. ¿Te tinca?
Sonreí.
—Apenas escuché completo acepté.
Lo escuché soltar una risa.
—Entonces se dijo y se hizo —se paró—. Después de almuerzo vamos.
Asentí alegre mientras lo veía entrar a la cocina otra vez. En eso mi celular suena un par de veces.
Me paro y me acerco a la mesa de centro donde lo había dejado. Y el sentimiento de confundida no tardo en aparecer en cuando leí el nombre de la persona.
cris.tapia:
Flo hola, cómo estás?
Necesito hablar contigo.
Quiero que arreglemos las cosas, quiero disculparme contigo por todo.
Se que debes estar enojada, pero lo necesito
Abrí rápidamente el mensaje y lo borre altiro. No necesitaba que ahora esté saco huea me viniera a molestar.
ESTÁS LEYENDO
Me gusta un ahueonao
Storie d'Amore[CHILENSIS] La Flo no soporta al Vicente, el mejor amigo de su mellizo. Y aunque no siempre fue así, ahora para ella es insoportable tenerlo cerca, mientras que para él la única manera de estar cerca de la Flo es molestándola. ¿Qué pasaría si comie...
