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Capítulo 45 - Desenlace

5 años más tarde.

Se celebró el nacimiento de Einar, pero no la muerte de Freydis. El pueblo que, lejos de culpar a la sanguinaria, agradecía que por fin pudiese esclarecerse todo. No obstante, era palpable el desconcierto entre tantos habitantes pues, ahora que Einar no era el verdadero descendiente de Ivar, ¿quién podría ocupar su trono cuando éste parta hacia el Valhalla?

Durante años, le exigieron al rey Ivar que pudiese darles una explicación, sin embargo, el deshuesado siempre parecía furioso ante sus preguntas y el pueblo ya se había acostumbrado a vivir en la duda y omitir las respuestas. Se resignaban a pensar que a Ivar todavía le quedaban muchos años de legado y, sin darle la espalda al pasado, había quien tenia cierta esperanza para que la pelirroja y el deshuesado volviesen a tener su historia la cual se vió interrumpida por tantos sucesos.

Heleritz descansaba sobre el prado al lado de Uxo. Ambos contemplaban las formas de las nubes mientras escuchaban el mar romper en la costa. En silencio, ambos inundados en sus pensamientos y hazañas. Los años han pasado y ya empieza a notarse en el rostro de los mellizos. Ambos siguen manteniendo su rostro angelical pero ahora, luce marcado por algunas cicatrices ya sanadas y unos rasgos más adultos.

Uxo cierra sus ojos y respira profundamente, acaricia el pasto de Sogn y por un efímero instante, consigue relajarse.

—¡Padre!

El mellizo abre sus ojos y sus facciones cambian en milésimas de segundo. No hay pureza en ellas, solamente venganza, odio y sed de sangre. Lleva su mano a la de su hermana, intentando unirse para sentir la fuerza de Ull pero su hermana retira su mano antes de poder sentirla.

—Uxo, relajate — responde la melliza sonriendo mientras se incorpora para ver como Gersemi se acerca corriendo hacia ellos.

Gersemi también había cambiado. Ya no era la niña protegida de su padre, si no que ahora, ya era toda una mujer. En su plena adolescencia ya empezaba a mostrar su predilección por la guerra y por llevarle la contraria a su padre. Ella era salvaje, rebelde, aventurera. Según Uxo, no tenía mucha noción de la protección y a duras penas conseguía permanecer con vida. Además, ya empezaba a ser el centro de atención de muchos jóvenes del reino y para el mellizo, eso no era más que una declaración de guerra de la que tenía que estar preparado pues no la podía tolerar.

Los mechones rubios de Gersemi tapaban parcialmente su cara al correr. —¡Padre!

Finalmente, cae al suelo.

Uxo levanta su rostro rápidamente asegurándose de la salud de su hija y cuando esta se levanta con una sonrisa de oreja a oreja, vuelve a retomar su respiración.

—¡Así no podrás ganar una batalla! — vocifera esta vez la melliza —. Te advertí que para ganar, hace falta agilidad.

El mellizo, sorprendido mira a la sanguinaria sin entender la situación. Frunce su ceño mostrando la desaprobación hacia sus palabras —. ¿Batalla?

Gersemi sigue corriendo, tanto que sobrepasa a los mellizos. El corazón de Uxo se encoje cuando ve que su pequeña corre hacia el acantilado sin control, ni reparo. —¡Gersemi, cuidado!

Pero la joven salta sin preocupaciones. Sus ojos se abren admirando la belleza del curso del agua desde las alturas, y una sonrisa se dibuja en su rostro ante la felicidad que le aporta sentirse libre.

Uxo también corre, ahora hacia el filo del acantilado. Su angustia se refleja en su rostro, su alma y su corazón. Siente que lo ha perdido todo y solo la congoja reina en sus pensamientos. Finalmente, el mellizo observa cómo su hija cae perfectamente al agua y después, deja asomar su cabeza para coger aire. Es un salto limpio. Saluda a su padre desde la distancia mostrando la felicidad como reflejo de sus actos.

Uxo gira sobre sus talones y mira a la sanguinaria quien había empezado a caminar dirección al centro del reino —. ¿¡A dónde crees que vas?!

El mellizo lanza una flecha hacia la pelirroja. Consigue atravesar uno de los pliegues de sus ropajes y esta cae al suelo.

—Conozco ese salto —vuelve a decir Uxo.

Heleritz esboza una sonrisa en su rostro intentado calmar el enfado de su hermano.

—No te servirá eso.

—Uxo, yo solo le di unas clases de plena supervivencia —empieza a excusarse Heleritz —. Gersemi quiere navegar y debe aprender por si se cae.

—No navegará.

—No puedes eludir sus raíces. Ella también quiere explorar su entorno. Además... — la pelirroja hace una pausa que logra llamar la atención del mellizo— no podemos obviar su torpeza. Le irá mejor así.

Uxo respira con fuerza. Sabía que realmente era la mejor decisión pero le aterrorizaba la idea de que su gran tesoro pudiese salir herida.

En la distancia, Brynjar aparece corriendo ahogando su último aliento en la garganta. Tras encontrarse al mellizo de frente, se detiene. Su semblante se torna serio. Parecía intimidado por el gran porte del protector y la fama de sus hazañas.

—Te hará falta mucho más para poder seguirle el rastro — escupe la sanguinaria hacia el joven.

—¿También escondes esto? — comenta incrédulo Uxo.

—Para ser el protector se te escapan muchas cosas, hermanito.

Heleritz corre hasta llegar a su habitáculo. Su hermano, sigue tras ella. Ambos a pesar del paso de los años, siguen manteniendo un alma joven.

—Heleritz, hay noticias de Kattegat —sentencia Bo quien irrumpe en la cabaña con su cara desencajada.

El corazón de la melliza se acelera y su respiración empieza a ser escasa. Su garganta se ha resecado y su pulso empieza a traicionarle. A pesar de los años, era evidente que Heleritz todavía no había podido abandonar la idea de olvidar al deshuesado y la remota idea de perderle para siempre o que saliese herido, podía hacerle perder la cordura. Solo hace falta una mirada para que Bo entienda que debe dar más explicaciones o alguien saldrá herido.

—Sí, es Ivar.

Y entonces, su mundo se desploma.

Y entonces, su mundo se desploma

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Northland (Ivar The Boneless)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora