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Capítulo 29   Gersemi

Unos pesados pasos abren la puerta que mantenía a sus espaldas Heleritz. Un carraspeo consigue hacerla tensarse y finalmente, una sombra proyectada frente a ella por el sol proveniente de la puerta, permite dar pasos a los escalofríos que recorren el cuerpo de la misma. Sus manos sudan, quitándole el valor por darse media vuelta.

— ¿Hermana?

La voz de Uxo ha cambiado, o al menos, Heleritz no la recordaba tan grave. Ahora parece más madura. La melliza gira sobre si y le enfrenta. Un sinfín de sensaciones recorren su cuerpo pero ninguna palabra aparece en su mente y mucho menos, en su boca. No es capaz de decirle nada, solo contemplar sus facciones cambiadas, dignas de todo un vikingo adulto. Sin embargo, aquello que más llama la atención de la misma, es la niña que Uxo sostenía en sus brazos. La pequeña jugueteaba con la espesa barba de Uxo sin siquiera darse cuenta de la profunda mirada de la pelirroja en ella.

— Hace mucho tiempo que no nos vemos. — sonríe nostálgico el mellizo. — Gersemi, ve a conocer a tu tía.

Acto seguido, Uxo deja a la pequeña en el suelo. La niña se muestra curiosa ante la melliza, no parece temerle. No es una niña desconfiada y tampoco miedosa, todo lo contrario. Demuestra seguridad en cada paso que da y una mirada desafiante en sus ojos se asoma ligeramente. Finalmente, la pequeña estira su brazo, extendiendo la mano ante la misma.

— Gersemi... — le regaña Uxo.

— Es que no se agacha... — susurra la pequeña hacia su padre poniendo su mano a un costado para que la melliza no pueda leerle los labios. Un intento en vano por ocultar sus palabras si son perfectamente perceptibles ante el oído.

Heleritz parpadea un par de veces mirando fijamente a la niña y luego, a paso seguro, abandona el lugar cerrando la puerta tras ella.

La melliza se siente confundida, desconcertada y no puede evitar sentirse algo celosa de la niña que ahora ocupaba los pensamientos de su hermano. No entendía como él, había sido padre y ni siquiera de ello habían llegado noticias a Kattegat. Heleritz lo consideró un traición, un golpe bajo no esperado del hombre del que más confiaba.

Camina con rabia hacia aquel monte al que solía ir de pequeña, un frondoso camino que le llevaría hacia la colina desde donde podía vislumbrar los barcos.

— Si estuvieras aquí, Ivar... Qué fácil serían las cosas.

La melliza había pasado tanto tiempo con él, había compartido tantos miedos y superado tantos obstáculos que, ante el desconcierto, había perdido la fuerza para abordarlo sola. O quizás, jamás aprendió a hacerlo. La pelirroja recuerda su pasado como algo positivo pero no puede obviar que, tras aquel infortunio incidente en el que falleció su madre, se volvió totalmente dependiente de las personas que le rodeaban. A pesar de ser segura y decidida e incluso generalmente, la cabeza pensante de cualquier idea o plan que fuesen a llevar a cabo, sabía que en el momento en que su hermano no le apoyase, ella no continuaría. Y de igual modo ahora pasaba con Ivar.

La medianoche llega junto al oleaje fuerte que empezaba a golpear la costa. Heleritz abraza sus piernas, sintiendo la humedad calarse en su piel a falta de ropajes para poder mantener el calor.

— Sabía que estarías aquí... — susurra dejando suavemente una de las pieles que utilizaban para taparse sobre su espalda.

— Déjame sola, Uxo.

— Precisamente por esta razón no lo haré.

— ¿Qué razón? — pregunta la melliza dirigiendo una mirada intimidante a los ojos de su hermano.

Northland (Ivar The Boneless)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora