Uxo y Heleritz, dos mellizos acostumbrados a convivir rodeados de la paz y tranquilidad que el asombroso reino de Sogn le proporcionaba, se ven envueltos en una fatídica lucha tras el pacto de unión de su actual rey, Harald I.
Sus padres, dedicados...
La ardua batalla apuntaba en contra de los hijos de Ragnar. El ejército del rey Ælle, contaba con mayor número de guerreros debido a la alianza con el rey Osberht y eran numerosas las bajas que contaban ya los vikingos. Ivar desde su carro contempla como poco a poco la balanza empieza a declinarse en su contra y todo consigue crearle un sentimiento más oscuro y atroz. Mientras arrebata las vidas que puede a su paso, puede ver la cabellera pelirroja de la vikinga moverse al compás de sus asestadas, al igual que su hermano, que no puede dejar de protegerla.
Sin embargo, aún en un infortunio peor, Hvitsärk recibe un golpe en su hombro haciéndole caer al suelo ensangrentado. La melliza es testigo de tal acto y corre desenfrenadamente hacia él antes de que el enemigo le propague el golpe de gracia. Golpea su hacha contra la espada de este y con una ágil patada consigue tumbarlo al suelo, clavándole finalmente el hacha de su otra mano.
— Vamos, hay que ponerte a salvo. — comenta la vikinga intentando sujetarle por el otro hombro.
Ivar acelera el paso de su caballo, llegando al lado de estos antes de que pudiesen salir más heridos. — Subid.
Heleritz ayuda a
Hvitsärk a subir al carro y tras ello, retrocede. Gira sobre si, cubriendo su espalda de un enemigo inminente y tras acabar con él, vuelve a mirar a Ivar. — ¡Corre!
— No voy a dejarte aquí.
— No pienso abandonar a Uxo.
— Sube, iremos a por él. — asegura el deshuesado.
La vikinga duda por unos segundos sobre la palabra del guerrero, no obstante, finalmente acaba cediendo con una mueca de frustración. Ivar golpea las riendas de su caballo, volviendo a correr sobre los cadáveres. Hvitsärk se mantiene tumbado mientras Heleritz, de pie a las espaldas de Ivar, va lanzando dagas protegiendo al caballo.
— ¡Uxo! — grita la melliza cuando consigue contemplar a su hermano. — ¡Uxo! — insiste. Pero el mellizo no es capaz de distinguir la procedencia del reclamo. Acto seguido, Heleritz baja del carro, saltando sobre este.
Ivar bastante enfadado por la actitud temeraria de la melliza, acelera el paso del carro en dirección al mellizo.
La pelirroja, enfurecida, golpea a todo aquel que se cruce en su camino, ahogando los gritos en su garganta. No obstante, la ira es más oscura que la cordura y acaba cegándose en todas las vidas que iba arrebatando, sumergiéndose profundamente en la guerra. Ivar llega junto a Uxo y este sube al carro ágilmente tras ver la dirección que estaba aceptando la batalla.
— ¿Y mi hermana?
— Se supone que había ido a buscarte.
Uxo busca a su alrededor, vislumbrando a su hermana en la lejanía. La cubre con sus flechas de todos los enemigos que consigue alcanzar, pero la distancia a veces supone un inconveniente. Ivar corre hacia ella, pero sabe que Hvitsärk no puede tardar mucho más en recibir atención.
— ¡Björn! ¡RETIRADA! — grita el deshuesado.
El rubio asiente en la lejanía y empieza a gritar a los guerreros de su alrededor.
Pero justo cuando Uxo está a punto de hacer sonar el cuerno, un halo de luz aparece sembrando el caos sumergido en un mar rojizo de irracionalidad. Bödvar junto a sus guerreros aparecen en el horizonte a grito de guerra. No era un ejército muy abundante pero sus golpes eran dignos de mil hombres juntos.
Ivar esboza una sonrisa en su rostro y sin poder retener la alegría que eso significa para él, acaba gritando rompiendo a carcajadas. La melliza no puede evitar escuchar esa perfecta melodía en sus oídos, aquella que le avisa de la poca cordura que el vikingo aún mantenía.
Björn vuelve a la batalla junto a los guerreros, con su ego totalmente subido. Uxo, baja del carro, saltando igual que su hermana sobre este, intercambiándose por Ubbe quien decide subir para atender a su hermano.
Heleritz sabe el riesgo que corren los tres hermanos al estar detenidos en medio de la batalla, así pues, decide correr hacia ellos, protegiendo al caballo de cualquier golpe. Ivar cruza una mirada cómplice con ella, quien inmediatamente entiende las intenciones de la misma y adopta el mismo rol desde lo alto.
El mellizo, se acerca a su hermana, sin embargo, ella es consciente que el papel de Uxo es más importante cerca de su padre.
— ¡Protege a Bödvar! — grita el deshuesado robándole los pensamientos y palabras a la melliza. A Heleritz parece gustarle esa compenetración y una sonrisa se asoma desde la comisura de sus labios. El mellizo dirige una mirada hacia su hermana, quien con un leve movimiento, asiente dándole a entender su postura. Uxo resopla y corre hacia su padre, esquivando y otorgando golpes hacia sus enemigos.
...
¡Bienvenidxs vikings!
Estoy aquí de nuevo por estas tierras mundanas jeje
Tengo escritos tres capítulos más pero iré subiéndolos poco a poco entre esta semana y la próxima para ir retocando algunos pequeños detalles.
¡Nos vemos!
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