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Capítulo 34 — Oscuridad


El corazón de Heleritz parece perderse en la inmensidad de la tristeza. Todo ha dejado de existir a su alrededor, cayendo en un profundo agujero negro del que parece no poder salir. Las luces han dejado de alumbrar; los rostros de cuantos aquellos admiraban la ceremonia, habían dejado de aparecer; Uxo ya no estaba; Ivar tampoco y Freydis era el único nombre que retumbaba en su cabeza. Heleritz se había perdido consigo misma, en su interior más puro. Y eso pudo verse reflejado en su rostro absorto. No parpadeaba, no hablaba y había empezado a palidecerse.

— ¿Heleritz? — pronuncia el deshuesado acercándose lentamente a ella, temiendo realmente por la reacción que pueda tener.

Sin embargo, una flecha clavada frente a sus pies y caída como del cielo, consigue hacerle detenerse antes de tocarla.

— Si le pones una mano encima, juro clavarte la siguiente en el pecho. — amenaza Uxo tras bajar de uno de los tejados que envolvían el lugar.

— Uxo, yo...

El mellizo mira el rostro arrepentido del deshuesado y en cierto modo, siente algo de lastima, puede ver lo arrepentido que se haya.

— No te acerques a mi hermana. — Amenaza el rubio sabiendo que, si Ivar decide realmente casarse y tener ese bebé, su hermana jamás podrá sentirse especial con él. Heleritz siempre había sido muy insegura con los hombres y por ello, cuando era más joven le había podido confesar a su hermano cuan feliz sería siendo la esposa de un solo hombre el resto de su vida. La pelirroja quería ser la única y esencial pieza en el rompecabezas del deshuesado y ahora, todo se había desmoronado.

— Pensé que no volvería y... — Pero las palabras de Ivar son silenciadas en el mismo instante en que la melliza cae al suelo.

...

Uxo se mantenía cerca del codaste del drakar. Había ordenado a sus guerreros que llevarán el cuerpo de Heleritz hacia allí, mientras él intercambiaba unas cuantas palabras con el deshuesado, antes de abandonar el lugar. Sin embargo, la declaración de Ivar no le había hecho más que crearle un sentimiento intenso de confusión. El protector podía notar la pureza de las palabras del rey de Kattegat y el sentimiento de este por su hermana, y sentía rabia por no poder conseguir la felicidad de ambos, así como él también la consiguió durante 9 meses y marcándole por el resto de sus días.

Hvitsärk también había decidido acompañarles a Sogn. El muchacho sentía algo de nervios por la efímera posibilidad de creer que Harald pudiese rechazarle en sus tierras, pero su ego herido le mantenía firme y dispuesto a todo cuanto pudiese llegar.

Tras el amanecer, mientras aún faltaban horas por llegar, Heleritz abre sus ojos lentamente, sintiendo el golpe del sol en sus mejillas.

— ¡Uxo! — grita uno de los guerreros que más cerca estaba de la pelirroja.

El mellizo corre hacia ella y la observa con una sonrisa. Ahora puede respirar tranquilamente, tras saber que Heleritz se encuentra bien.

— ¿Dónde está Ivar? — pregunta la melliza antes de poder siquiera orientarse.

— Hel, Ivar no nos acompañará en este viaje.

Las palabras de su hermano son suficientes para tomar una decisión. El mellizo quería tranquilizar la situación durante un tiempo pues había un bebé en camino y sabía de los impulsos de su hermana, sin embargo, no quería conseguir que la pelirroja acabase odiando a Ivar. Nadie más que él, había podido hablar sin tapujos con el deshuesado, enterándose de la supuesta concepción de aquel retoño. Ivar no podía dudar del embarazo de Freydis pues su barriga crecía desmesuradamente mes tras mes, no obstante, él había sido incapaz de amarla mínimamente, de sentir atracción por ella, de notar como su cuerpo reaccionaba ante el tacto de sus manos. Ivar, estando ebrio yacía esporádicamente desnudo junto a Freydis, pero cuando se encontraba sobrio sabía de su incapacidad por sentir una erección con ella. Todas sus preocupaciones y sospechas, fueron transferidas a aquel que nombraban el protector. El mismo que, indagaría para asegurar la felicidad de su hermana.

Northland (Ivar The Boneless)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora