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Capítulo 33 — Interpuesto 


Freydis había conseguido engatusar a Ivar. Si bien era cierto que estaba embarazada, también lo era que aquel niño no llevaba la sangre de Ivar sino de uno de los comerciales del reino.

— Los dioses estarán muy contentos contigo... — susurra Freydis al oído de Ivar — llegaste aquí y trabajaste como nosotros cuando tú eres un dios caído en un mundo débil como el nuestro. Ivar el deshuesado, tú no eres descendiente de Odín... Eres su compañero, su mano derecha, su fiel servidor, tú eres un dios como él.

— ¿Yo, un dios?

— ¡Claro! Nadie creía que pudieses darme algún heredero y mira... — lleva las manos del deshuesado a su vientre— Aquí se haya aquel que continuará tú legado. — Freydis coge el rostro de Ivar con ambas manos y lo eleva hasta llegar a sus ojos, conectando sus miradas. — Nadie creía que pudieras llegar a ser rey y ahora, toda Kattegat es tuya.

— Sí... Tienes razón...

Con el tiempo, Ivar parecía más convencido de las palabras de Freydis. Caía más en el engaño y conseguía hacerle creer a su pueblo lo mismo. Además, su ego había crecido y la pareja mostraba su superioridad con atrevimiento. Eran muchos los rumores que circulaban sobre el castigo que caería sobre aquél que fuese capaz de retar a Ivar, así como también, acerca de la salvajada que el deshuesado era capaz de hacer si perdía los papeles.

— Por eso debemos ofrecen un gran sacrificio a los dioses, algo valioso...

El deshuesado frunce su ceño y mira a la mujer que tenía delante con desconcierto.

— Algo con lo que se sientan orgullosos y complacidos... — propone Freydis al oído de Ivar consiguiendo que Hvitsärk entre en el campo de visión del deshuesado. — Un descendiente del gran Ragnar Lodbrok.

...

La ceremonia da inicio. Tanto Ivar como Freydis habían pintado sus rostros y vestido sus ropajes dignos de un casamiento de dioses. Hvitsärk había sido capturado para sacrificio pues se había negado rotundamente a ello, tras la proposición de la pareja.

Todo parecía estar dispuesto para dar comienzo. No obstante, a escasos metros de allí, un pequeño drakar desembarcaba en la costa de Kattegat. No llegaba sediento de guerra pero no podían asegurar la impunidad de todo aquel que habitaba aquellas tierras.

En la lejanía, pueden escucharse la aclamación por la ceremonia, acto que provoca todavía más inquietud en el cuerpo de la melliza. Tanto Uxo como Heleritz, junto a su pequeño grupo de despiadados vikingos caminan sin esconderse pero recubriendo su aspecto encapuchados para mantener el anonimato. Además, las casas están vacías y todo el mundo espera ser testigo de la unión entre el deshuesado y Freydis. Y los mellizos, también querían formar parte de tal acto.

Entonces, el grupo perteneciente a Sogn ocupa las últimas filas, siendo testigos de tal alianza. Heleritz no puede evitar sentir la rabia recorrer su cuerpo, sin embargo, se halla totalmente paralizada por un sentimiento aún más intenso, la tristeza. En cierto modo, se sentía culpable de la situación. Ella era consciente de haber abandonado a Ivar, no fue capaz de despedirse, ni siquiera de avisarle y era muy consciente de las consecuencias que podía conllevar. No obstante, no imaginaba enfrentar la realidad tan prematuramente.

Uxo coloca su mano en el hombro de su hermana, intentando darle apoyo. Ella no aparta la mirada de la ceremonia, quiere ser testigo de cómo Ivar y Freydis hacen publica su ceremonia; quiere poder sentir su corazón quebrar para poder recoger la totalidad de sus partes.

Northland (Ivar The Boneless)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora