Uxo y Heleritz, dos mellizos acostumbrados a convivir rodeados de la paz y tranquilidad que el asombroso reino de Sogn le proporcionaba, se ven envueltos en una fatídica lucha tras el pacto de unión de su actual rey, Harald I.
Sus padres, dedicados...
Uxo espera impaciente la llegada de su hermana. El pueblo rodeaba el habitáculo en el que el protector había decidido encerrarse con aquel hombre que había confesado sus continuos aferes con la mujer de Ivar. El hombre atado de pies y manos, reposaba sobre uno de los postes de la casa y no podía evitar transmitir el nerviosismo que su cuerpo emanaba.
—¡Por los dioses, deja de temblar!
—¡No quiero morir!
—No vas a morir solo vas a salvarnos.
Los sollozos de aquel hombre parecían apaciguarse tras las palabras alentadoras y a la vez, desconciertas, del protector.
—¿Puedo confiar en su palabra?
—¿Cuando he engañado yo a alguien?
Antes de poder contestar a su pregunta, Heleritz abre la puerta con preocupación. —¿Que es aquello que debes mostrarme, hermano? Tienes a todo el pueblo en desconcierto por tus decisiones.
—Cuando conozcas toda la historia, entenderás el motivo y la insistencia por traerte aquí.
En un primer instante Uxo había pensado en contarle toda la historia a su hermana pero entendió que si lo hacía en ese mismo instante, no podría controlar la ira de sus sentimientos y acabaría incumpliendo su palabra. Tenía que encontrar la forma más delicada de poder decirle a su hermana que todo lo que le había causado dudas, dolor y separación de la persona a la que amaba, era una sarta de mentiras. Heleritz toma asiento, expectante por la reacción de su hermano. Habían sido pocas las ocasiones en las que lo había visto tan pensativo ante ella. Siempre se había andado sin rodeos, directo, sin tapujos.
—Hel... Antes de empezar, agradecería que pudieses despojarte de las armas.
—¿Es que vas a desafiarme? Sabes perfectamente que podría empezar un duelo a manos descubiertas contra él.
No hace falta que Heleritz señale al hombre que sollozaba en el suelo para saber que se refería a él. Además, por la actitud de la pelirroja, Uxo podía darse cuenta del humor de la misma. Quizás no era el momento más oportuno.
—Está bien. —Uxo gira sobre sus talones, dándole la espalda a su hermana. Cierra los ojos y respira profundamente. Después, mira a los ojos directamente al hombre que se encontraba en el suelo —Espero que Odin escuche tus lamentos.
—¡No, un momento! Yo no... — pero sus palabras son silenciadas cuando los cuchicheos de toda la gente que rodeaba la casa, se silenciaron de repente. El protector entendió de quien se trataba y eso solo hacía que complicar el resultado.
Ivar abre la puerta bruscamente, cuando a sus oídos llegó el aviso de que uno de los mellizos se había encerrado en una casa para torturarle, pensaba que se trataba de Heleritz, intentando apaciguar sus pensamientos, dirigiéndolos hacia Freydis. Pero nada más lejos de la realidad.
—¿Qué se supone que está pasando? —se inmiscuye Ivar con un tono de desconfianza en su voz.
Dirige una rápida mirada a la pelirroja y acto seguido a Uxo, quien con un ágil movimiento señala al comerciante que tiene aprisionado. Ivar no es una persona que requiera explicaciones, además, sabía que Uxo estaba intentado indagar sobre el asunto que les ocupaba, el repentino embarazo de Freydis.
—Cayó al mar y le rescaté —se excusa Uxo creyendo sonar convincente. Ivar asiente con una sonrisa cómplice, gira sobre sus talones y cierra la puerta tras abandonar el habitáculo. Un ápice de ira abarca su corazón, pero su orgullo y la mera posibilidad de que sea reconocida su verdad, aún son más fuertes. Ivar no intervendrá. Por esta vez, quiere reconocérsele el mérito por tener razón. Además, no es un secreto que Ivar admira la manera en la que Heleritz pierde la razón.
—¡El comerciante se encuentra bien, podéis volver a vuestros quehaceres! —anuncia el deshuesado.
Heleritz todavía estaba más intrigada en la historia. Sabía que detrás de la parte buena que Uxo intentaba vender, había algo turbio que intentaba ocultar. La pelirroja entrecierra sus ojos mirando fijamente a su mellizo.
—Sabes que no soy muy paciente y...
—y eres bastante impulsiva —continua Uxo —por eso, quiero asegurarme que nadie saldrá herido.
Por cómo transcurren los sucesos, Heleritz sabe que su hermano esconde algo que escapará de su control y su ira.
—No puedo prometértelo, Uxo.
—Esta bien, supongo que al fin y al cabo, lo único que he prometido es que saldrás con vida de aquí—. Se encoge de hombros, retirando la mirada del hombre que yacía en el suelo.
—No, no, te lo suplico. No me dejes a manos de la sanguinaria.
—Cállate. Estás haciendo que incluso yo tenga ganas de acabar con esta historia—. Uxo se acerca a su hermana, la mira fijamente a los ojos y deja reposar sus manos en los hombros de esta —Ivar es inocente.
Una falsa carcajada escapa de los labios de la pelirroja —Al final la única cuerda voy a ser yo.
Heleritz aparta los brazos de su hermano con brusquedad, desata la cuerda que lleva en su bíceps y pasa sus manos por su rizada cabellera recogiéndola con un moño. Algunos mechones rizados escapan del recogido haciéndola tierna, no obstante, sigue siendo palpable la frustración en su rostro.
El mellizo no sabe cómo explicarle a la pelirroja que tanto tiempo alejado de su amado, había sido en vano. No obstante, cuando Heleritz se acerca al comerciante, son pocos los segundos que este tarda en hablar.
El comerciante no negocia por su vida y ese es el primer error que comete. El segundo, confesarle a la melliza que él es el varadero padre del futuro heredero del reino. Y el último, gritar tras notar el hacha de la melliza clavarse en su pecho.
—Encima ahora no podrá entrar al Valhalla—. Comenta la melliza mientras se acerca al ahora cuerpo sin vida que reposa en el suelo de donde se encontraban.
Retira el hacha del cuerpo inerte y se agacha para mirar el rostro sin vida. Toca la sangre que cae por el filo de la hoja y junta sus dedos manchados para poder notar el olor a sangre. Da una gran bocanada de aire mientras cierra sus ojos y una sonrisa se dibuja en la comisura de sus labios.
—¿Hermana?
—Prepara tus flechas, Uxo. Esta noche se sabrá la verdad.
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