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Capítulo 44 - Guerrero solitario

El silencio inunda el ambiente. Casi puede escucharse caer la sangre de Fredys. Los ojos de la misma se abren de par en par tras escuchar las palabras de la sanguinaria.

—¡Eso no es cierto! — vocifera pero el deshuesado sabía que de no ser cierto, los mellizos no se habrían arriesgado.

Ivar, no podía evitar sentir que ese pequeño era suyo. Al final, había estado aguardando su espera durante meses y faltaban pocas lunas hasta su nacimiento. No obstante, la verdad era que él no recordaba yacer junto con Fredys para cuando ella anunció el embarazo. Sus escasos momentos íntimos habían sido anunciados por Fredys tras amanecer embriagado la noche anterior por lo que no podía recordar ninguno de ellos.

Heleritz grita, sin control ni consuelo; grita como si con ello pudiera acallar todos sus pensamientos; grita como si Thor pudiese escucharle. Y sí, parece que lo hace. Las gotas de lluvia empiezan a caer y los relámpagos empiezan a iluminar la fría e injuriosa noche que tenía lugar. Uxo empieza a notar que el deshuesado deja de oponer resistencia y decide retirar el arco que rodea su cuello.

—¿Es eso cierto?—. Ivar no se pone en pie. Busca en las gotas que encharcan el suelo, algún atisbo de sabiduría que le proporcione la decisión más acertada.

Cuando Heleritz empieza a vislumbrar la cara de incerteza del deshuesado, levanta su hacha para acabar con la vida de Fredys. Quiere sentenciar de una vez por todas el destino de Kattegat.

—¡Detente! —ordena Ivar antes de que la hoja impacte contra el cuello de Fredys —. No disculpo a Fredys, pero la vida que lleva en su vientre, no tiene culpa de las falacias de aquella que yacia cada día junto a mi—. Ivar se pone en pie y bajo la atenta mirada de Uxo, se acerca a Heleritz pausadamente—. Lo siento, Heleritz la sanguinaria, pero esta noche no podrás cumplir con tu venganza.

La pelirroja mira a su hermano esperando que con una mirada pueda lograr aplacar sus dudas.

—¡No podéis creerla! ¡Os lo ordena vuestra reina!

El pueblo empieza a mostrar la desaprobación hacia Fredys. Su expresión y palabras, lejos de aparentar seguridad y credibilidad, exhiben todo lo contrario.

—¡Callate! No puedo creer que me embaucaras durante tanto tiempo— Ivar demuestra el desespero y la incongruencia de sus recuerdos. Todo lo que ha vivido durante meses, empieza a desmontarse pieza por pieza—. Heleritz, por favor, no te lo ordeno como rey de Kattegat, te lo pido como padre de esa criatura.

La sanguinaria nota como su pulso se acelera. Pese a que no esperaba que Ivar fuera a mostrar compasión, agradecía esa nueva faceta que el deshuesado estaba mostrando. A pesar de todo, ella tenía dudas sobre si realmente quería acabar con la vida que se desarrollaba en su vientre.

—Lo siento Ivar, no nací piadosa.

Heleritz levanta su hacha para atestar el golpe definitivo, no obstante, se ve detenida por su mellizo. Nadie entendía la agilidad y sutileza que el protector había demostrado para llegar y detener a la pelirroja con tal rigurosidad y prontitud, pero todo el mundo se lo agradecía.

—No somos así. Acabaremos con ella cuando nazca.

La melliza aceptó no acabar con la vida de Fredys hasta el nacimiento de la criatura, no obstante, aceptó con condiciones. Todas ellas fueron aceptadas por el deshuesado, quien después de destapar el engaño, necesitaba pensar en su descendencia y sobretodo, en quien le acompañaría en su legado.

Para él la decisión era clara, solo tenía que esperar el momento oportuno.


***


El tiempo pasaba pero no era lo suficientemente rápido para la melliza. Fredys había pasado a residir junto con la sanguinaria por petición de esta última y, esta además, se había asegurado de hacerle la espera igual de amena. Ingenió, junto a su hermano, una pequeña celda donde allí comería, dormiría e haría sus deposiciones. No tenía permiso para hablar o salir, se limitaba a esperar el momento de alumbrar. Y por fin, después de muchas lunas y muchos soles, Fredys estaba preparada para traer a ese nuevo mundo una vida y dejar escapar la suya.

Y así fue.

En el mismo instante en el que Uxo sostuvo a la criatura entre sus brazos, Heleritz cortó la cabeza de Fredys. No dudó ni un segundo, solamente deseaba saborear ese momento. Tampoco esperó a la decisión de Ivar, a sus objeturas o a refutar cualquier opinión que intentase convencerle de lo contrario. Simplemente dejó que el filo de su hacha se deslizase sobre su piel, y disfrutó de llevar a cabo aquel sueño que se había repetido en reiteradas ocasiones en su cabeza. 

— Es barón.

Heleritz mira a su hermano quien tapa al bebe con los ropajes que habían preparado previamente para el alumbramiento. Se lo entrega a Ivar quien solamente se aproximó en el momento en el que Uxo sostuvo en su totalidad al bebé. Era terriblemente bárbaro y cruel pero ese momento le habían hecho volver a saborear la oveja que horas antes había consumido. Ivar sonríe sin poder controlarlo, su pulso lejos de parecer firme muestra su estado de ánimo real. El deshuesado se siente vulnerable, frágil, nervioso, miles de sensaciones recorren su cuerpo en ese instante. 

 Heleritz se acerca a Ivar y contempla al crio por encima de su hombro. — Bienvenido, Einar.

 — Bienvenido, Einar

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Northland (Ivar The Boneless)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora