Uxo y Heleritz, dos mellizos acostumbrados a convivir rodeados de la paz y tranquilidad que el asombroso reino de Sogn le proporcionaba, se ven envueltos en una fatídica lucha tras el pacto de unión de su actual rey, Harald I.
Sus padres, dedicados...
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Capítulo 35 — Titularidad
La pelirroja no tarda en contestar y rápidamente, el rey Harald pone todo en marcha para la ceremonia. Él quiere asegurar la corona con un heredero y sabe que no hay mejor mujer para ello que la misma Heleritz, de quien ya toda Noruega hablaba.
— ¿Estas segura de ello, Hel? — pregunta Uxo a espaldas de la misma. Toca sus hombros y tras notar como esta se relaja, le abraza por la espalda. — No lo hagas si no estás segura, Hel. Yo puedo encargarme de que apunte en otra dirección.
La melliza mira hacia el exterior, tapando la boca de su hermano con la palma de su mano.
— Calla, inútil. Hablar sobre cómo matar a un rey minutos antes de que vaya a casarse no es nada que pase desapercibido.
— Estoy diciéndote que haré que apunte a otro lado.
— ¿Y acusaras a un inocente por algo que tú mismo cometerías?
— Yo haría lo que fuese por salvar a la familia, Hel. — Afirma el mellizo desprendiéndose de su hermana y girando sobre sí mismo. — Ese es mi cometido en este mundo. — Asegura antes de irse girando levemente su rostro.
— Uxo...
El mellizo abandona el lugar, encontrándose con Gersemi cerca de allí. La joven llevaba trenzado su cabello y sostenía una flor en él.
— Estas preciosa, pequeña. ¿Quién te ha dado esa flor?
— Mi nuevo novio.
Uxo abre sus ojos y la mira confundido.
— ¿Quien ha ocupado el puesto de tu padre? — pregunta resaltando la última palabra.
— Bo. — Responde risueña.
Por un segundo suspira tranquilo. Acto seguido, deja a la niña en el suelo quien se despide depositando un tierno beso sobre su mejilla y se va corriendo en dirección contraria.
— Algún día entenderás, que nadie te querrá más que yo...
— Como crecen, ¿verdad?
El protector no había podido notar la presencia de su padre. Bödvar deposita su mano en el hombro de su hijo consiguiendo una mirada melancólica del mismo.
— Es duro darse cuenta que crecen.
— Es duro aceptarlo pero no darte cuenta, Uxo.
El silencio se vuelve presente. Cada uno sumergido en sus pensamientos recordando su pasado.
— Cuídala, hijo mío. No tendrás nada más preciado.
Bödvar deja caer su mano y camina con tranquilidad hacia la dirección de la niña.
— ¿¡No piensas asistir?! — eleva su tono de voz el mellizo.
Bödvar gira ligeramente sobre sí mismo. — No puedo ver como camina hacia su tortura. Mi hija no actuaría así, estoy seguro.