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Capítulo 21 — Erotismo

Se encuentra desnuda de espaldas, dentro del lago, con su cabellera suelta. Poco a poco se adentra en al agua y se sumerge en él. El vikingo aprovecha para despojarse de su atuendo y caminar también hacia el lago, adentrándose completamente desnudo en él. 

Se acerca a la espalda de ella y con suma delicadeza, aparta el pelo de ella hacia un costado, dejando cálidos besos sobre los hombros de la misma. Heleritz no puede evitar sonreír. Era consciente del punto de partida donde se encontraba, aquel que no había podido alcanzar con ningún otro hombre y no quería frenarlo. Quería saber hasta dónde podía llegar siendo Ivar el elegido para su entrega, aquel que en tan poco tiempo, había conseguido nublar sus recuerdos.

Heleritz gira sobre sí misma, mirando los ojos azules del deshuesado. No podía evitar compararlos con el lago en el que se encontraban, claros y oscuros al mismo tiempo, furiosos y tranquilos, calmados y lujuriosos. Ivar nota los nervios en su cuerpo y ese deseo incontrolable por besar de nuevo los rosados labios de la melliza. Quiere enredarse en su pelo, perdiéndose en cada uno de los besos que deposita en su cuello. La melliza acaricia el rostro del joven, consiguiendo fortalecer todavía más el deseo carnal de ambos. Finalmente, es Ivar esta vez quien toma la determinación de juntar sus labios.

Helertiz continúa el beso, intensificándolo al pasar sus manos por la cabellera del guerrero. Sus cuerpos se mantienen pegados, notando cada recodo el uno del otro. Y es entonces cuando Ivar empieza a notar una sensación inexplorada en su cuerpo. Un cosquilleo obsceno baja por su abdomen, inundando toda su pelvis, sintiendo el desenfreno lascivo por poseer a la vikinga. La melliza, tras notar la erección del deshuesado, se separa de este mirándole a los ojos fijamente con una sonrisa traviesa en su rostro.

— La indicada... — susurra el vikingo sobre los labios de la melliza — Te dije que solo esperaba la indicada, y esa eras tú. — continua fundiéndose en un beso libidinoso y tierno a la vez.

El corazón de la melliza parece fundirse tras escuchar sus palabras. No puede dejar de reproducir las palabras de la sensual voz del vikingo, no puede evitar sentir predilección por él. Helertiz entrelaza sus piernas sobre las caderas del vikingo y pasa su lengua por sus labios, notando como la erección del mismo provocaba un deseo incontrolable por avanzar un paso más.      

El vikingo lleva sus manos al trasero de la melliza, apretándolo con fuerza hacia él. Después, haciendo uso de su fuerza, eleva un poco el cuerpo de la misma, separando sus labios para depositar húmedos besos por su cuello hasta llegar a sus pechos. La melliza siente el calor expandirse por su cuerpo y ese inevitable deseo de querer más acaba nublándole la mente. Ivar muerde con delicadeza el cuerpo de la melliza y vuelve a bajarla quedando ambos rostros a la misma altura. Una mirada cómplice y un beso lujurioso es todo lo que necesitan para seguir avanzando.

A Ivar no le hacen falta más estímulos para saber que está preparado, a Heleritz no le hace falta más tiempo para asegurarse que él romperá con su profecía. Ivar acaricia la espalda de la melliza empezando en sus caderas y acabando en su nuca. Deposita sus manos sobre los hombros de ella y como una fiera ardiente, se introduce en ella ejerciendo presión sobre los hombros de la misma. Heleritz no está incomoda pero siente dolor, un grito leve sale de su garganta, el cual es a callado inmediatamente por los besos del deshuesado. El guerrero no deja que los labios de la melliza se separen de los suyos, no quiere que pueda inundarse en el dolor y no en la pasión.

Se mantiene quieto durante unos segundos hasta asegurarse de la profundidad a la que ha llegado, y después, cuando ambos cuerpos forman uno, comienza con leves movimientos, los cuales acaban intensificándose a medida que el tiempo avanza.

Ninguno de los dos puede negar el placer que aquello le produce igual que tampoco pueden negar lo que había significado para ellos. Se habían desatado de sus más oscuros secretos, liberándose totalmente y ahora, más que nunca, estaban dispuestos a todo.

...

Reposaban sobre una de las llanuras del reino, observando la inmensidad de la noche y el cielo. Heleritz mantenía apoyada su cabeza sobre el abdomen del guerrero y este, la suya sobre su brazo, mientras acariciaba la cabellera de la melliza. Jugueteaba con sus rizos, incapaz de comprender como había llegado a ese momento; compartir su soledad, nunca le había resultado tan agradable.

Mientras ambos reían y disfrutaban de la presencia del otro, Uxo contrariamente, visitaba a Seer el oráculo, temeroso por las respuestas que pudiese darle.

— Joven protector, ¿qué es lo que ansias saber?

— Mi destino.

— ¿Quieres saber tu destino o el de tu hermana? — indaga el oráculo.

Uxo se muestra precavido ante él. Sabe que realmente el motivo por el que ha ido a visitarle no es su destino, pues al guerrero nunca le importó eso.

— El de mi hermana. — reconoce.

— Sumisa ante vínculo de unión oscuro, cegada por la gloria y el honor. La única capaz de controlar la bestia cuando llegue el Rangnarok.

— ¿El Rangnarok? ¿La bestia? ¿Es que acaso yo soy esa bestia que solo le aporta negatividad?

Sin embargo el oráculo aparta su mirada y extiende su mano dando por finalizado su trabajo.

...

¡Bienvenidxs vikings!

Que tengáis un fin de semana estupendo:)

¡Nos vemos!

¡Nos vemos!

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Northland (Ivar The Boneless)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora