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El bar estaba desolado, un lugar sombrío y polvoriento que parecía haber visto días mejores. Las sillas crujían a mi alrededor, y la luz tenue apenas iluminaba las caras de las personas reunidas. Me encontraba en un espacio que, teóricamente, debía ser un refugio seguro, un lugar donde la confianza debería reinar. Sin embargo, al mirar los rostros de mis amigos y los demás presentes, vi solo incredulidad. Sentí cómo la ansiedad se apoderaba de mí mientras hablaba, buscando en sus miradas la validación que, en ese momento, parecía eludirnos.
- Basta —dije, interrumpiendo la conversación que giraba en torno a mis supuestas hazañas heroicas. Las palabras de Luna, Neville, Ron y Hermione resonaban en mis oídos, pero me resultaban abrumadoras. Lo que ellos describían sonaba tan sencillo, tan lejano a la realidad que había vivido—. Eso suena... sencillo cuando lo dicen así, pero la verdad es que solo fue suerte. Algunas veces no sabía lo que hacía y siempre tuve ayuda.
- Es simple modestia – dijo Hermione intentando defenderme.
- No Hermione, es la verdad —dije con frustración—. Es la verdad. Enfrentar esas cosas en la vida real no es lo mismo que en la escuela... Si te equivocas en clase, lo intentas al día siguiente, pero...
Mis ojos recorrieron el bar, tratando de transmitirles la complejidad de la realidad, porque no todo es tan sencillo como parecía. Observé a todos, notando cómo cada uno estaba pendiente de mis palabras, pero fue cuando la vi, en la esquina, casi oculta entre las sombras. Era una figura envolvente, cubierta con una bufanda y un gorro que apenas dejaban al descubierto sus ojos. Sin embargo, conocía aquellos ojos tan bien que supe de inmediato a quién pertenecían; eran los ojos de Pansy Parkinson, la persona que despertaba en mí un torbellino de emociones.
¿Qué estaba haciendo ella aquí? Sus ojos, brillantes y aguados, estaban fijos en mí, como si buscara entender cada palabra que salía de mis labios. Mi corazón se aceleró, no por la tensión palpable en el bar, sino por su presencia, tan cercana y, a la vez, tan inalcanzable.
—En la realidad, cuando estás a un segundo de que te maten o de ver a un amigo morir frente a tus ojos... —continué, sintiendo cómo mi voz se quebraba, incapaz de ocultar la vulnerabilidad que ese momento traía consigo—. No tienen ni idea de lo que es.
Apenas terminé de hablar, me dejé caer en la vieja silla de madera, pero mis ojos seguían atrapados en aquella figura en la esquina. Un silencio profundo se instaló en el bar, con todos los presentes sorprendidos, pensativos y preocupados. Podía imaginar que cada uno de ellos estaba analizando mis palabras, tratando de asimilar la gravedad de la situación.
- Si, Harry, es cierto... —rompió el silencio Hermione - Por eso te necesitamos, para tener la oportunidad de vencer a... —tragó con dificultad antes de continuar—. Voldemort.
- ¿Él ha vuelto? —preguntó un niño llamado Miguel que estaba en primera fila, su expresión era de pura preocupación. Yo simplemente asentí, volviendo a centrar mi mirada en esa figura, con la mente llena de preguntas y emociones que aún no podía procesar.