¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
El ambiente en la Madriguera era cálido y acogedor, lleno de risas y voces animadas que se escuchaban desde abajo mientras avanzaba sigilosamente por los pasillos. Mi corazón latía con fuerza, tanto por la emoción como por el riesgo que estaba corriendo. Pero ¿Qué sería de una Slytherin sin un poco de peligro?
Después de que mis abuelos se acostaran temprano, decidí darle una sorpresa a mi novio en Navidad. Era nuestra primera juntos, y sabía que esta era una de esas noches en las que Harry extrañaba más que nunca a sus padres. Por eso, hablé con Hermione con anticipación para averiguar en qué habitación solía quedarse cuando estaba en la Madriguera.
Cuando llegué a la puerta, eché un rápido vistazo a ambos lados del pasillo para asegurarme de que nadie me viera. Con cuidado, giré el picaporte y la abrí sin hacer ruido. La habitación estaba sumida en una suave penumbra, iluminada apenas por la luz de la luna que se filtraba por la ventana.
Ahí estaba él, de espaldas a la puerta, mirando hacia el exterior, perdido en el paisaje nocturno.
Sonreí para mí misma.
- Espero que esta no sea la forma en la que planeabas pasar la Navidad, Potter.
Harry dio un brinco, claramente sorprendido, y se giró rápidamente hacia mí. Sus hombros se relajaron al instante cuando me vio, y una sonrisa, esa que siempre lograba desarmarme, se dibujó en sus labios.
- ¿Pansy? — parpadeó, aún incrédulo, mientras yo cerraba la puerta tras de mí —¿Qué haces aquí?
Me acerqué lentamente, disfrutando del asombro en su rostro.
- Sé cómo te sientes en estas fechas, y no quería que estuvieras deprimido ni solo. Vine a pasar la noche contigo... si me dejas. Además, te he extrañado mucho.
Antes de que pudiera responder, acorté la distancia entre nosotros y lo besé, enlazando mis manos detrás de su cuello. Sentí cómo su desconcierto se desvanecía al instante. No tardó en reaccionar, rodeándome la cintura y profundizando el beso, como si aún le costara creer que realmente estuviera aquí.
- Yo también te he extrañado mucho —murmuró contra mis labios cuando nos separamos.
- Te traje un regalo — dije con emoción, como una niña pequeña, separándome de él con una gran sonrisa.
- No debiste... Yo no tengo nada para ti. Además, que estés aquí ya es mi mejor regalo.
- No me costó nada — respondí con un brillo travieso en los ojos — Bueno... solo algo de esfuerzo para encontrar las cosas, pero de dinero, nada. Es más bien un detalle para que nunca olvides de dónde vienes y que siempre has estado rodeado de las mejores personas.
Saqué mi varita y conjuré un hechizo para hacer aparecer el regalo. Cuando lo tuve en mis manos, se lo ofrecí con cuidado. Harry lo tomó con delicadeza y, al abrir el cuadernillo, su expresión pasó de la sorpresa a una profunda emoción. A medida que iba pasando las páginas, sus ojos se iban empañando.