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- ¿Lograste hablar con Dumbledore? ¿Al fin te dijo lo que realmente está buscando? — me preguntó Pansy mientras estábamos sentados en las escaleras de una de las torres más altas del castillo.
- Sí — suspiré, dejando escapar parte de la tensión acumulada — ¿Alguna vez has oído hablar de los Horrocrux?
Pansy frunció el ceño, pensativa.
- Sí... una vez escuché a mi padre hablar de ellos — respondió con cierta cautela — Decía que eran objetos de magia oscura que permitían dividir el alma de un mago.
- Pues eso es exactamente lo que hizo Voldemort — le dije, con la voz más áspera de lo que pretendía. Solo pronunciar su nombre todavía me removía por dentro. Pansy abrió la boca, incrédula, sin saber bien qué decir.
- ¿Entonces tenemos que encontrar ese Horrocrux para destruirlo? — preguntó finalmente.
- Sí, pero a Dumbledore no le cuadra algo. Cree que en la conversación que tuvo con Slughorn hay una pieza clave que falta. Algo que el profesor está ocultando.
- Así que tienes que ganarte su confianza para que te dé ese recuerdo — dijo, como si atara los cabos por sí sola.
- Exacto — asentí, bajando la vista a los peldaños bajo nuestros pies. Pansy no dijo nada. Simplemente deslizó su brazo por debajo del mío y apoyó la cabeza en mi hombro.
- Se te está haciendo costumbre no dormir por la noche — comenté, rompiendo el silencio.
- Sí, mis pensamientos no me dejan — respondió ella con un suspiro — No dejo de pensar en todo... y en nosotros — Le lancé una mirada divertida, alzando una ceja al notar cómo se sonrojaba al mencionar lo último. Claramente, el recuerdo de lo que había pasado la otra noche seguía tan presente en su mente como en la mía.
- Nadie creería que Pansy Parkinson pueda sonrojarse — dije en tono coqueto. Ella me sonrió, con una leve sonrisa que solo aparecía cuando estaba conmigo.
- Solo contigo — respondió, con voz baja, casi un susurro.
Me acerqué a Pansy y ella no se apartó. Cerró los ojos y apoyó las manos en mi pecho. Sin esperar, nos unimos en un beso lento, mientras yo le acariciaba la cintura. La extrañaba tanto, y quería repetir lo del otro día, que había sido maravilloso. Así que metí una mano debajo de su camisa, lo que la hizo apretarse más contra mí y subir su mano para acariciar mi cabello.
Sabía que teníamos que separarnos, sobre todo porque estábamos fuera de nuestras habitaciones, en medio de la noche, y alguien podía vernos. Así que, lamentándome de tener que detenernos, me aparté y pegamos nuestras frentes, tratando de recuperar el aliento.
- Vamos a mi cuarto — le susurré. Ella me miró con curiosidad.
- ¿Y Ron?
- Probablemente está más metido en el sueño que en el mundo real. Él nunca se entera de lo que pasa a su alrededor- ambos reímos.