CAPÍTULO XLV - ENTRE EL AMOR Y LA MISIÓN

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Dejamos a Ron en la enfermería por órdenes de Madame Pomfrey

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Dejamos a Ron en la enfermería por órdenes de Madame Pomfrey. Cada uno tomó su camino: Hermione se fue directo a la biblioteca, como era de esperarse; Ginny regresó a clases... y yo decidí volver a mi habitación. No solo por lo agotado que me sentía, sino porque llevaba puesta la misma ropa desde el día anterior. Lo único que quería era cambiarme, lavarme la cara.

Sin embargo, algo llamó mi atención.

Draco Malfoy subía las escaleras del séptimo piso con una actitud que me pareció sospechosa. Miraba a todos lados, con movimientos tensos y rápidos, como si quisiera asegurarse de que nadie lo estuviera siguiendo. Me detuve de inmediato y me aparté hacia un rincón desde donde pudiera observarlo sin ser visto.

Cuando estuve seguro de que no me había detectado, comencé a seguirlo a distancia, manteniéndome en las sombras. Se detuvo al final del pasillo y murmuró algo en voz baja, apenas audible desde donde yo estaba. Entonces, una puerta apareció en la pared, como si hubiera surgido de la nada. La abrió con cautela y desapareció en su interior.

Esperé unos minutos antes de seguirlo. Al entrar, me encontré con un lugar extraño, lleno de montañas de objetos amontonados, como si todo lo que alguna vez alguien hubiese querido esconder estuviera allí. Caminé con cuidado, tratando de no hacer ruido.

Entonces lo vi. Draco estaba de pie frente a un gran armario de madera, viejo y desgastado. Lo observó en silencio durante unos segundos, luego abrió las puertas y colocó dentro un pequeño pájaro.

Se alejó unos pasos y esperó.

Pasaron varios segundos antes de que regresara al armario. Abrió las puertas de golpe.

El pájaro yacía muerto.

Draco se quedó inmóvil. No parecía sorprendido... pero sí frustrado. Lo sacó con cuidado, lo envolvió de nuevo en sus ropas y cerró el armario con un golpe seco.

Sabía que esto era importante. Demasiado importante. Así que no dudé un segundo, salí de la Sala de los Menesteres a toda prisa, sin mirar atrás. Mis pasos resonaban suavemente por los pasillos, aún desiertos a esa hora de la mañana. El corazón me latía con fuerza, no solo por lo que había visto, sino por lo que implicaba. Draco estaba tramando algo, y ese armario... ese armario tenía algo que ver.

Mi mente iba a mil por hora mientras bajaba las escaleras. No me detuve en mi habitación, aunque sabía que tenía el aspecto de alguien que había pasado la noche entera despierto. La camisa la llevaba a medio abotonar, arrugada por haber dormido con ella, y mi cabello, más desordenado de lo habitual, caía sobre mi frente con humedad. Pero no me importaba. Lo que necesitaba era información. Respuestas. Y solo había una persona que podía ayudarme a encontrarlas rápidamente.

Entré en la biblioteca casi corriendo, ignorando las miradas molestas de algunos alumnos. Mis ojos buscaron entre las mesas hasta que la vi.

Hermione estaba en su rincón habitual, rodeada de libros abiertos, pergaminos extendidos y su pluma danzando sobre un trozo de pergamino. Levantó la vista al oír mis pasos apresurados y, al verme, frunció el ceño.

𝒜𝓂𝑜𝓇 𝒮𝑒𝒸𝓇𝑒𝓉𝑜Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora