CAPÍTULO XXXVIII - NOCHE SOÑADA

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Era muy tarde, mis padres ya dormían y yo seguía despierta, atrapada en un mar de pensamientos que no me dejaban descansar

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Era muy tarde, mis padres ya dormían y yo seguía despierta, atrapada en un mar de pensamientos que no me dejaban descansar. La oscuridad de la noche solo acentuaba mis inquietudes, y el insomnio me mantenía prisionera de mis propios recuerdos.

Pasaba las fiestas en casa, había decidido no acompañar a Harry y Ron esta vez porque quería pasar más tiempo con mis padres. Sin embargo, mi mente no estaba realmente aquí. No podía dejar de pensar en todo lo que había sucedido en los últimos meses, en todo lo que había cambiado y en lo que aún no comprendía.

Y, sobre todo, pensaba en él.

Las imágenes no dejaban de repetirse en mi cabeza: el momento en que levantó la camisa y me mostró la marca en su brazo, su mirada vacía, cargada de una tristeza que intentaba ocultar pero que era evidente, y esa última conversación con su tío, que Harry y yo habíamos escuchado a escondidas. Cada una de esas escenas me perseguía, dejándome con una sensación de impotencia.

Desde ese día, algo dentro de mí se había roto. Cada vez que lo veía a la distancia, una presión se instalaba en mi pecho al ver cómo esa luz que siempre había brillado en él comenzaba a apagarse poco a poco, como si estuviera perdiéndose en algo que no podía controlar.

Estaba acostada de lado, mirando hacia la pared, cuando de repente sentí un peso junto a mí. Mi corazón se detuvo por un segundo, pero cuando una mano me envolvió suavemente, reconocí ese tacto al instante. Sabía quién era. Era él. Sin pensarlo, me di media vuelta para mirarlo.

- Pensé que estabas dormida – murmuró con voz suave.

- Dime que esto no es un sueño... – susurré, sintiendo cómo mi corazón latía con fuerza en mi pecho. La duda me envolvía, no sabía si mi mente me estaba jugando una mala pasada.

- No lo es – respondió, con una pequeña sonrisa en sus labios, mientras alzaba su mano y apartaba un mechón rebelde de mi rostro con ternura.

- ¿Qué haces aquí? Pensé que no querías estar conmigo.

- Lo intenté... pero no pude – susurró, y su mano se deslizó hasta mi mejilla, acariciándola suavemente con la yema de sus dedos. – Te extraño, Hermione.

- ¿Qué te está pasando, Draco? Has cambiado, no eres el mismo – la preocupación se reflejaba en mi voz, mientras lo observaba. Él no respondió de inmediato. Solo suspiró, su mirada se desvió hacia el techo, como si las palabras se le quedaran atoradas – Sabes que puedes confiar en mí.

- Lo sé... – murmuró, cerrando los ojos por un instante antes de volver a mirarme – Pero no quiero que veas este lado de mí. Me doy asco a mí mismo por lo que estoy haciendo – su voz se quebró al final, y en su rostro vi una expresión que me hizo estremecer – Cuando los aurores arrestaron a mi padre, todo en mi casa se desmoronó. Como él era una de sus piezas más importantes, su captura lo enfureció tanto que decidió que yo debía tomar su lugar. Me exigió que aceptara la Marca Tenebrosa, porque era mi deber como heredero de los Malfoy – se detuvo un momento, apretando la mandíbula – Desde ese día, todo fue cuesta abajo. Mi casa se convirtió en un campo de batalla. Tuve que presenciar cosas... cosas que no quiero recordar. Vi cómo mataban, cómo torturaban a gente inocente, cómo se reían mientras lo hacían. Pero yo solo miraba. No me obligaban a participar, aún. Decían que primero debía aprender – inspiró profundamente, como si el simple hecho de recordar le costara. – Hasta que, una semana antes de regresar a Hogwarts, me encomendaron mi primera misión. Me dijeron que debía sentirme privilegiado – su risa fue seca, llena de sarcasmo y asco – No a cualquiera se le confiaba una tarea como esa.

𝒜𝓂𝑜𝓇 𝒮𝑒𝒸𝓇𝑒𝓉𝑜Donde viven las historias. Descúbrelo ahora