Furiosa, me levanto del regazo de Draven y enfrento a Lazarus, que está a unos pocos centímetros de mí.
—Lazarus, me sorprende cómo tienes la habilidad de romper un momento que fue intenso, hermoso y arruinarlo. Eres un descarado. Dame mi celular, quiero ir a mi residencia y dormir en mi maldita cama sola. —Mientras le hablo, lo apunto con mi dedo. Estoy enojada. No me gusta que me diga todo el tiempo qué hacer.
—No. Si quieres tu celular, vas a tener que hacer lo que yo te digo: vas a dormir aquí con nosotros dos, y esta es mi última palabra, Cuervo.
—Te odio —le digo. Aunque no lo odio, sí que me irrita, de la misma manera que me excita.
—No parecías odiarme mientras te lamía. Es más, gemiste tan fuerte que no me sorprendería que la policía viniera a verificar que estás bien —dice el imbécil.
Me pongo roja de enojo, por el recuerdo de lo que hicimos y por vergüenza.
—¿Sabes qué, Lazarus? Tengo sueño y tengo hambre. No quiero seguir discutiendo contigo. ¿Quieres que me quede? Bien, pero quiero que sepas que no vas a volver a tocarme, ninguno de los dos. Mañana a primera hora quiero mi celular, y me voy a ir temprano, porque si no lo recuerdas, es martes y tengo clases.
—Me genera ternura cómo ella piensa que no va a volver a pasar —habla Draven por primera vez luego del momento más íntimo que compartimos.
Lazarus desvía su mirada de mí, que me estaba mirando fijamente, para mirar a Draven. Yo también me giro para mirarlo y, Dios, parece un maldito rey sentado en un trono.
—¿Viste? Es realmente adorable y también ingenua. Ella cree que no nos damos cuenta, pero sé cómo nos mira. Está tan obsesionada con nosotros como nosotros con ella.
—Ya quisieran —les digo, aunque mi voz no suena tan segura.
Draven solo me sonríe y me guiña un ojo.
—Por cierto, Cuervo, yo que tú me vestiría, porque si sigo viéndote desnuda, voy a follarte ahora mismo —dice el descarado de Lazarus.
—Hey, ¿quién te dio el derecho de ser el primero en follarla? —pregunta el descarado de Draven.
—Alto ahí, caballeros, ninguno de ustedes dos va a follarme —les digo, completamente roja. No puedo creer que realmente estén discutiendo sobre quién me va a follar primero.
—Cuervo —dice Laz, mientras camina despacio hacia mí.
Estamos tan cerca que sus labios están a centímetros de los míos; están hinchados y mojados por el beso apasionado que nos dimos hace un rato y también por mis fluidos. Se ve tan caliente.
Dios, Raven, deja de pensar en sus labios y concéntrate.
—Sí, vamos a hacerlo; de hecho, va a pasar muchas veces, y lo vas a disfrutar tanto que, después de todas las clases que tengamos juntos, al terminar, te vas a inclinar en mi escritorio, y te voy a follar duro, Raven. Vas a sentir mi semen salir de tu coño, para que todos vean a quien le perteneces.
Estoy indignada y excitada. ¿Cómo es posible? Una persona normal le daría una bofetada y se iría, pero yo solo pienso en que quiero que suceda.
—Suenas muy seguro de ti mismo.
Está a punto de responderme cuando un ruido muy fuerte y extraño lo interrumpe.
Dios, fui yo y mi estómago. Qué vergüenza.
Escucho la risa de Draven.
—Veo que el pajarito tiene hambre. Ven a la cocina, que te voy a cocinar algo —me dice Draven.
ESTÁS LEYENDO
LAZARUS
Roman d'amourYo huyo de mi pasado. Huyo lo más rápido que puedo. La Ravenna que era antes murió ese día. Por suerte, fui aceptada en una universidad extremadamente exclusiva; no cualquiera puede entrar allí. Lo que nunca esperé fue que el dueño de la universidad...
