Capítulo 36

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Cuando salgo del baño, tras retocarme el maquillaje, me topo con la última persona a la que quiero ver.

— Hola, Becada —me saluda Karen, la amiga de Milena.

Hago un esfuerzo por ignorarlas y intentar esquivarlas, pero se posicionan de tal manera que no puedo moverme.

Me detengo y las miro.

— ¿Qué quieren? —pregunto con un tono que refleja mi aburrimiento.

— Solo venía a decirte algo, becadita: Lazarus es mío —afirma Milena, mirándome intensamente a los ojos.

—Aparte, mírate. Eres tan rara. No entiendo cómo alguien se fijaría en una becada. El profesor Lazarus ni se fijaría en alguien pobre, que no debe diferenciar entre un reloj Rolex y un Cartier. —dice la estúpida de su amiga.

Una oleada de furia recorre mi cuerpo, pero me contengo.

— Sabes que es un profesor, ¿verdad? —intento que mi voz suene tranquila.

—Cariño, ni un estudiante de esta universidad se fijaría una becada. —dice Karen.

— Claro, eso lo hace aún más sexy. Puedo imaginar cómo será en la cama...

No puede terminar la frase, porque mi puño derecho impacta con fuerza en su nariz. Auch, me duele.

— ¿Qué demonios? —exclama entre lágrimas, cubriéndose la nariz, de la cual empiezan a brotar chorros de sangre.

Su amiga se apresura a acercarse y la abraza.

— ¡Ayuda! Esta Becada acaba de golpear a mi amiga —grita la estúpida de Karen.

Un torrente de gente comienza a congregarse, sacando fotos con sus celulares.

Mi rostro permanece impasible. La miro a Milena por última vez y, en su mirada, percibo un mensaje claro: esto no ha terminado.

No siento ni un atisbo de pena. Si seguía hablando, juro que podría matarla.

— Señorita Waverly y señorita Wilson, a la oficina del director —nos ordena una mujer, cuya identidad desconozco.

Supongo que será alguna profesora.

— ¿Y por qué yo también? —replica, frustrada.

— Tú la provocaste.

— Profesora, yo no hice nada. Ella simplemente vino y me golpeó —siento ganas de golpearla de nuevo por mentirosa.

— Caminen —nos ordena la mujer con firmeza.

Nos dirige a lo largo de un pasillo largo, hasta que llegamos a la oficina de Draven. Nunca había estado en su despacho.

La mujer toca la puerta y la voz de Draven se escucha al otro lado, diciendo: "pase".

Ella abre la puerta y nos dice:

— Pasen, chicas.

Ambas entramos en la oficina de Draven y oh, es increíble. Se nota que tiene un gusto minimalista; su oficina es una habitación negra con una computadora, un escritorio y dos sillas.

Miro a Draven y se ve guapísimo, como siempre. Él me mira confundido. Lleva un traje a medida que me provoca ganas de que me folle ahora.

— Las señoritas Wilson y Waverly tuvieron una pelea —explica la profesora—. La señorita Waverly le dio un puñetazo a Wilson.

— Ella me provocó —le replico.

Draven se ve aterrador, aterradoramente sexy. Su rostro es impasible, no refleja ninguna emoción.

LAZARUSDonde viven las historias. Descúbrelo ahora